En cierta ocasión un adolescente en el confesionario me preguntó sobre un tema delicado. Me decía: “Padre, hay algo que siempre me ha intrigado, ¿es malo sentir placer?, porque una vez me confesé con un sacerdote ancianito que me decía que sentir placer es cosa del diablo, pero unos compañeros de la escuela me dicen lo contrario, así que ya no sé ni qué pensar”, yo le respondí: “Mira, para hablar de este tema lo primero que hay que hacer es saber que el cuerpo humano es obra de Dios, por lo tanto el cuerpo humano hay que verlo como creación divina que debemos apreciar y valorar. Así que debes conocer tu propio cuerpo, debes estimarlo y al mismo tiempo respetarlo. Dios nos creó con la capacidad de experimentar el placer. El designio de Dios respecto al cuerpo humano, revela que el placer es parte de su plan. Por ejemplo Dios nos dio las facultades para experimentar el placer de una buena comida al darnos las papilas gustativas o nos dio el sentido de la vista para contemplar la belleza de un bello paisaje en el cual nos deleitamos, o nos dio el olfato para disfrutar de los olores agradables, por ejemplo del perfume de las rosas, estas son pruebas que Dios no ve con malos ojos que sintamos placer. ¿Por qué el sabor de la comida es sabroso? ¿Por qué el aroma de las flores es agradable? Porque Dios lo quiso de esa manera. El placer fue idea de Dios”, entonces él me dijo: “Padre, pero yo del placer que le pregunto es del placer sexual”, entonces le dije: “Lo sé, y por eso es importante distinguir entre los diferentes tipos de placer que hay en este mundo. Vivimos en un mundo en el que los placeres que Dios ha hecho para nosotros y para nuestro bien, son frecuentemente pervertidos por la sociedad actual. El hecho de que la sociedad considere algo como placentero, no significa que sea agradable a los ojos de Dios. Cuando consideramos estos ‘placeres’ del mundo, nos damos cuenta que en realidad no son buenos para nosotros o no nos ayudan a largo plazo. El hijo pródigo se deleitó en el placer sexual, el evangelio dice que dilapidó su dinero con malas mujeres, cometiendo toda clase de pecados hasta que se le acabó el dinero; luego descubrió que los placeres del pecado son pasajeros y efímeros, es decir, se acaban. Son ‘falsos amigos’ que nos dejan vacíos y deseosos de más de esos placeres destructivos y perjudiciales. Es importante darnos cuenta de que el propósito de nuestra vida no es sentir placer. El hedonismo es una filosofía falsa. No fuimos creados para sentir placer, fuimos creados para amar a Dios y aceptar con alegría las cosas buenas que Él nos da. Lo que es más importante, nosotros fuimos creados para tener una íntima relación con Dios”, entonces él me preguntó: “Pero ¿Dios no se opone a que sintamos placer?”, yo le dije: “No, Dios no se opone al placer. Él se opone al placer desordenado, al placer que toma su lugar en nuestras vidas. A veces somos llamados a renunciar al placer del momento para invertir en el placer mayor del reino de Dios. Por ese placer jamás seremos decepcionados. Para aquellos que buscan a Dios y su justicia, Dios tiene reservados ‘placeres infinitos y eternos’”.

Amigos, vivimos tiempos en los que se exalta el placer como un bien absoluto al que el hombre debe aspirar, llegando incluso a identificar placer con felicidad, eso es hedonismo puro, no nos engañemos la felicidad y el placer no se identifican, no es verdad que mientras más placer sintamos más felices somos, eso es mentira. Es verdad que el placer lo hizo Dios, y el placer es bueno, siempre y cuando lo busquemos de forma ordenada y como un medio para ser felices y no como un fin en sí mismo. No todo placer es bueno, sino solo el que nos lleva a Dios y no nos aleja de nuestro fin que es la salvación eterna. Que Dios les bendiga.