Una vez estaba platicando con un joven y éste me preguntó:

-Padre, ¿el ocio es malo?

Yo le respondí: Eso depende de qué entiendes por ocio.

-Para mí el ocio es perder el tiempo, no hacer nada o hacer vagancias.

Yo le respondí: Así como tú entiendes el ocio, está claro que es algo malo, pero el ocio, en su sana acepción, debe entenderse como el tiempo libre de una persona, así pues, no debería verse como algo malo, porque todos, en mayor o menor medida, tenemos tiempo libre durante el día, o el fin de semana o en vacaciones, es decir, cuando cesa nuestra labor cotidiana ya sea de trabajo o de estudio, a ese tiempo se le llama ocio, que no necesariamente es malo, obviamente  depende en qué cosa se emplea el tiempo libre, porque muchas personas emplean ese tiempo de ocio en aprender un idioma, en algún entretenimiento o diversión sana, en hacer deporte, en ir al cine a ver una buena película, en jugar algún juego en familia o con amigos, en una sana convivencia, en ver un partido de futbol, en leer un buen libro, en hacer oración, etc. pero también hay quienes emplean su tiempo de ocio en no hacer nada, como estar acostado en un sillón o en la cama, sin oficio ni beneficio, porque entienden el ocio como sinónimo de no hacer nada, pero no es verdad, el tiempo de ocio, para que sea positivo, debe emplearse en ocupaciones buenas. También hay quienes no solo no hacen nada, sino que emplean su tiempo de ocio en ocupaciones malas o perjudiciales, como por ejemplo planear y hacer maldades, ver películas o videos inmorales, perder el tiempo inútilmente en la computadora o en el celular, en ir a lugares indecentes a ver espectáculos inmorales, etc. entonces en esos casos el tiempo de ocio sí es malo y por lo tanto es pecado.

¿Qué evoca en nuestra mente la palabra ocio? Muchas veces al oír la palabra ocio viene a nuestra mente la idea de algo poco espiritual, mundano, egoísta, improductivo, pecaminoso. Pero debemos ver el ocio con otros ojos. Porque nuestra comprensión del ocio muchas veces es equivocada. Esas palabras pueden describir formas pecaminosas o excesos de ocio, pero no son descripciones exactas ni verdaderas del ocio. Si revisamos algunas definiciones de ocio en el diccionario encontramos que ocio es “La libertad que da el cese de las actividades, especialmente el tiempo libre del trabajo o de las obligaciones”. O también “Tiempo libre de las exigencias del trabajo o del deber, cuando se puede descansar, disfrutar de pasatiempos o deportes, etc.” Y algunos otros que hablan del ocio como momento de relajación, vacaciones, respiro, descanso, espacio de paz, tranquilidad, oportunidad de encuentro con Dios. Estas son descripciones más precisas del ocio, el tipo de tiempo libre que seguramente Dios quiere que disfrutemos: “libertad de exigencias”, “descanso” y “disfrute”. Se podría resumir en un ocio “integral”, que beneficia a nuestro cuerpo, mente y alma. Como cristianos, quizá luchamos con el concepto de ocio, porque hemos visto sus excesos. Podemos incluso creer que no tiene lugar en la vida cristiana. Pero, de hecho, es de vital importancia si queremos vivir una vida cristiana sana y equilibrada. Es conveniente entender que el ocio sano es necesario para nuestro crecimiento integral como personas, hay quien piensa: “No tengo tiempo para el ocio” o “El ocio es pura pérdida de tiempo” o “el ocio no es una necesidad”, pero sin el ocio el ser humano se deshumaniza, se enferma y se muere prematuramente, por eso conozcamos, valoremos y practiquemos el ocio sano, el que nos hace crecer como personas y nos dignifica como hijos de Dios.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.