Sobre la bendición al mundo que dió el Papa Francisco de esta mañana, quisiera compartir mi sentir y apreciación.
Pienso que lo que vimos desde nuestras casas hoy en Roma, fue algo sin precedentes en la historia de la humanidad, y difícilmente lo volveremos a presenciar. Ver al Papa cojeando caminando solo bajo la lluvia en la plaza de San Pedro completamente vacÍa, Una plaza que a diferencia de todos los dias del año, lucía gris y sin gente, en una imágen que desgarraba el corazón entre algunas lágrimas de aquellos que amamos verdaderamente a la Iglesia. Ahí estaba, la plaza más visitada de la tierra completamente sola, sin sol y sin gente, acompañada únicamente por el Papa Francisco y un Cristo que había sido sacado a las calles de Roma en 1522 para detener la pandemia de la peste en esa ciudad. Un Cristo que parecía más real que una simple escultura de madera escurriendo agua bajo la lluvia como si fueran lágrimas colgado de la cruz, solo, abandonado por el mundo de hoy, al igual que fue abandonado en el calvario en el ayer. Una imágen apocalíptica y desgarradora que parecía seguir perdonándonos desde  su soledad, en donde solo podíamos ver al Papa Francisco en representación de toda la Iglesia universal. El Papa y la pintura de una Virgen quien lo acompañaba al igual que lo había hecho hace más de dos mil años. Cuando podiamos escuchar en nuestros corazones “Padre, porque me has abandonado, el Papa conmovido se inclina para besarle los pies, seguramente pidiendo piedad para toda la humanidad.
No cabe duda que en el mundo después de esta pandemia habrá un antes y un después, pero en el ahora los cielos lucen más azules y millones de niños vivirán al no ser asesinados por sus madres por el aislamiento social; niños, que viven estos días con la misma esperanza con la que vivimos todos nosotros el día de hoy… con la esperanza de ver un mañana más limpio, más justo y lleno de la bondad de Dios; un mañana donde las familias anhelarán estar juntos en sus casa no por obligación, sino por el deseo de convivir con las personas que aman, un mañana, como Dios nuestro Padre lo pensó en el momento mismo de la creación.

Antonio Peláez