Una vez un joven me pregunto: “Padre, si en una misa se acabaran las hostias consagradas a la hora de la comunión y todavía quedaran fieles sin comulgar ¿Podría el sacerdote consagrar más hostias repitiendo sólo las palabras de la consagración?”, yo le respondí: “No, no es posible que el sacerdote consagre más hostias repitiendo sólo las palabras de la consagración fuera del contexto íntegro de la Plegaria Eucarística. Hacer eso no sería válido ni lícito”.
¿Por qué?
La consagración eucarística no es un simple acto mágico o ritual puntual, sino que es el centro de una acción litúrgica completa, que incluye:
- la Plegaria Eucarística entera (prefacio, epíclesis, relato de la institución, anamnesis, oblación, intercesiones, doxología);
- realizada dentro del marco de la Misa;
- con la intención del sacerdote de hacer lo que hace la Iglesia.
El relato de la institución (las palabras de Jesús: “Esto es mi Cuerpo…”) forma parte esencial del conjunto, pero no es válida por sí sola si se realiza aisladamente, como si fuera una fórmula mágica. La consagración requiere el conjunto de la plegaria, no sólo la fórmula.
¿Qué hacer entonces si faltan hostias consagradas?
La Instrucción “Redemptionis Sacramentum” (2004), n. 88, lo indica claramente:
“Si durante la Misa se llega a constatar que falta pan eucarístico para la comunión de los fieles, no se puede consagrar otra cantidad en el mismo momento, sino que debe reservarse para otra Misa.”
Opciones pastorales válidas en tal caso:
- Fraccionar las hostias consagradas, si es posible, y distribuirlas con reverencia.
- Invitar a quienes no puedan comulgar a hacer comunión espiritual, acompañada de una oración.
- Prever mejor en el futuro la cantidad de formas necesarias, especialmente en misas multitudinarias.
En síntesis
No es lícito ni válido que el sacerdote u obispo pronuncie solo las palabras de la consagración para consagrar más hostias. La consagración requiere el marco completo de la plegaria eucarística. En caso de faltar formas consagradas, debe recurrirse a soluciones pastorales legítimas, como la comunión espiritual o la fracción de las hostias existentes.
Y si en una misa se acabaran las hostias consagradas, pero hubiera todavía Sangre de Cristo suficiente en el cáliz ¿se podría dar la comunión con hostias sin consagrar mojándolas con la Sangre de Cristo, en el entendido de que, tanto en el Cuerpo como en la Sangre de Cristo, el Señor está todo completo?
No, no se puede dar la comunión mojando hostias no consagradas en la Sangre de Cristo. Aunque en cada una de las especies consagradas (pan o vino) está Cristo entero —con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad—, una hostia sin consagrar sigue siendo pan común, no es el Cuerpo de Cristo, y no se convierte en tal por ser mojada en la Sangre consagrada.
¿Por qué no es posible?
- La transubstanciación (la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo) requiere la consagración por un sacerdote válido, durante la plegaria eucarística de la Misa.
Mojar una hostia no consagrada en la Sangre de Cristo no la convierte en Cuerpo de Cristo. - Lo que se obtendría sería pan mojado en la Sangre de Cristo, pero no una comunión válida.
Eso implicaría el riesgo de profanar el Sacramento y confundir a los fieles, lo cual es contrario al respeto debido a la Eucaristía.
Conclusión:
No es válido ni lícito dar la comunión con hostias sin consagrar, aunque se mojen en la Sangre de Cristo. La comunión debe hacerse con especies consagradas. En caso de escasez, se puede recurrir solo a la Sangre o a la comunión espiritual, respetando siempre la santidad del Sacramento.
Hasta la semana que viene, si Dios quiere.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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