En cierta ocasión una señora me preguntó: “Padre, ¿Puede un laico hacer imposición de manos?”, yo le respondí:
- La imposición de manos está reservada a los ministros ordenados
En la Iglesia, la imposición de manos está siempre reservada al obispo o sacerdote, como:
- La ordenación de diáconos, presbíteros u obispos (cf. 1 Tim 4,14; 2 Tim 1,6; Hch 6,6).
- La absolución sacramental, que no incluye físicamente la imposición de manos, pero sí implica autoridad sacerdotal.
- La unción de los enfermos.
- La confirmación, en la que el obispo impone las manos junto con la unción con crisma.
- Algunas bendiciones solemnes, especialmente las litúrgicas.
En estos casos, la imposición de manos es un gesto sacramental y está unida al ejercicio del orden sagrado. Por tanto, los laicos no pueden realizarla válidamente ni lícitamente en ese sentido.
- ¿Qué dice la Sagrada Escritura sobre la imposición de manos?
En la Biblia, la imposición de manos aparece en distintos contextos:
- Para consagrar o enviar a alguien a una misión: Moisés a Josué (Dt 34,9), los Apóstoles a los diáconos (Hch 6,6).
- Para transmitir el Espíritu Santo: Hechos 8,17; 19,6.
- Para realizar curaciones: Jesús imponía las manos a los enfermos (Mc 6,5), y también lo hacían los Apóstoles.
- Para bendecir: Jesús imponía las manos sobre los niños (Mc 10,16).
En el Nuevo Testamento, el gesto aparece ligado al ministerio apostólico, es decir, como un gesto de autoridad espiritual que transmite gracia o misión. Por eso, la Iglesia lo ha entendido tradicionalmente como un gesto con gran peso sacramental y no meramente simbólico.
- ¿Pueden los laicos imponer las manos en contextos carismáticos?
En la Renovación Carismática Católica, algunos laicos realizan oraciones con imposición de manos, sobre todo durante oraciones de sanación o de efusión del Espíritu. Esto ha generado confusión, críticas y necesidad de discernimiento.
La Santa Sede no ha prohibido totalmente la imposición de manos por laicos en contextos no sacramentales, pero tampoco la aprueba indiscriminadamente. Se han dado orientaciones pastorales que advierten de los riesgos de confusión y abuso, especialmente cuando se imita o se confunde con gestos propios del sacerdote.
- ¿Se presta a confusión? ¿Debe evitarse?
Sí, se presta fácilmente a malos entendidos, por varias razones:
- Muchos fieles no distinguen entre lo sacramental y lo devocional.
- La imposición de manos puede parecer un gesto “mágico” o autosuficiente, si no se entiende teológicamente.
- Cuando un laico impone las manos como si tuviera una autoridad espiritual parecida a la del sacerdote, se confunde el sacerdocio común con el ministerial.
- En ocasiones, se ven abusos reales: laicos que “bendicen”, “exorcizan” o “consagran” con ese gesto, lo cual es indebido y litúrgicamente reprobable.
- ¿Cuál es la postura equilibrada?
La forma más sana y segura para los laicos de orar por otros, incluso en un contexto carismático, es:
- Extender las manos sin tocar, como gesto de intercesión.
- Orar con humildad, sin “proclamar” sanaciones o dones como si fueran ministros ordenados.
- Pedir siempre la acción del Espíritu Santo, pero sin pretender canalizarla directamente como poder propio.
Conclusión
- La imposición de manos tiene una fuerte connotación sacramental y, por tanto, en su forma litúrgica y oficial, está reservada al ministerio ordenado.
- Los laicos no deben realizar este gesto en contextos que puedan causar confusión con el sacramento del Orden o con la autoridad del sacerdote.
- En contextos carismáticos o devocionales, debe hacerse con prudencia, claridad doctrinal y obediencia a los pastores.
- Lo más recomendable es evitar que los laicos impongan las manos físicamente, y usar en su lugar otros gestos de oración más neutros y respetuosos del orden litúrgico y sacramental.
Hasta la semana que viene, si Dios quiere.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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