En cierta ocasión un hombre casado me decía: “He tenido disgustos muy fuertes y frecuentes con mi esposa”, y yo le pregunté: “¿Hay alguna causa, motivo o razón para que se den esos disgustos fuertes y frecuentes?”, él me dijo: “Es que mi esposa es muy celosa, yo tengo amigas con las que salgo por cuestiones del trabajo y ella se encela y se enoja, e incluso me dice que es pecado, yo le digo que no creo que sea pecado, porque no hacemos nada malo, pero ella se enoja”, entonces yo le dije: “Discúlpeme, pero creo que su esposa tiene razón en molestarse con esta situación, que por lo pronto es inconveniente e impropia”, él me interrumpió defendiéndose y dijo: “Padre, pero si no hacemos nada malo, yo tengo que trabajar con mujeres por mi trabajo y a algunas las considero amigas, así que salir con ellas me parece lo más normal, porque estas salidas son obligadas por mi trabajo y no me parece impropio”, yo le dije: “Le voy a hacer dos preguntas que pueden iluminar la situación, ¿permitiría usted que a esas ‘salidas con amigas’ le acompañara su esposa? ¿Le parecería bien a usted que su esposa saliera con ‘otros hombres’ que fueran sus amigos?”, entonces me respondió: “Qué difícil me la pone padre. Pero claro que no dejaría que mi esposa me acompañara cuando salgo con alguna amiga. Y no, obviamente no me gustaría que mi esposa saliera con amigos hombres. Entonces le dije: “Pues mire, precisamente las dos respuestas nos dan una pista de qué tan conveniente son esas salidas y más aún esas amistades. Lo que no haríamos tranquilamente delante de las personas que conocemos probablemente sea malo o pecaminoso. Y lo que no nos gusta a nosotros no lo debemos hacer a los demás”. Él continuó diciendo, bueno una cosa es que no sea conveniente y otra muy distinta que sea pecado, porque si no es pecado puede hacerse, a lo que yo respondí diciendo: “Sí, pero no debemos esperar a que algo sea pecado para evitarlo, porque hay cosas que aunque no sean pecado no son agradables a los ojos de Dios”.

Amigos, al hombre le gusta moverse en la frontera entre el bien y el mal, entre lo que es bueno y lo que es malo, hay acciones que no siendo de suyo pecado sin embargo no son convenientes para un cristiano, por ejemplo tener amistades particulares con personas del sexo opuesto, sobre todo cuando ya se tiene un compromiso, o noviazgo o se está casado. Hay un principio básico en el evangelio que llamamos ‘la regla de oro’ y dice “Trata a los demás como quieras que te traten a ti” o en su formulación negativa “No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan”, si a un esposo no le parece que su esposa salga con un amigo varón, él no debería hacerlo tampoco con amigas mujeres, esto es de elemental lógica y sentido común. Es expresión de caridad y respeto matrimoniales.

Dios los bendiga.
PADRE EDUARDO MICHEL FLORES