Gracias a la invitación de mi hijo Luis Alberto conocí hace algunos años la vida y la obra del escritor J.R.R. Tolkien. Este lingüista y profesor inglés, que nació en 1892, sigue sorprendiendo a sus lectores y estudiosos, quienes lo admiran por su misión, creatividad, valores y ejemplo.

Pensando en mis hijos y en los jóvenes de hoy, quisiera compartirles algunos momentos de la vida de Tolkien que nos pueden llevar a renovar nuestra esperanza en un mundo de excelencia y benevolencia.

  1. John Ronald Reuel fue un niño que destacó por su inclinación al estudio del lenguaje y por sus habilidades para dibujar. Perdió a su padre a los cuatro años y a su madre a los doce. Él siempre dio gracias a la fe que le transmitió su madre por haberle dado la capacidad de aceptar el sufrimiento con paciencia y hacerle apreciar la vida como un don de Dios. Para él su mamá fue mártir al haber permanecido fiel a su catolicismo, a pesar de que todo el resto de la familia era bautista y le retiraron su apoyo.
  2. Al morir su madre, Tolkien y su hermano quedaron bajo la tutela de un sacerdote: el Padre Francis. Fue un verdadero padre para ambos. Este sacerdote fue su consejero, guía, formador y amigo. Es algo muy positivo el tener un consejero y un guía en la juventud. Si no se tiene, conviene buscarlo.
  3. Cuando era estudiante formó con tres amigos un club al que llamaron TCBS (Club de Té y Sociedad Barroviana). En ese club los jóvenes sintieron un fuerte llamado a dejar huella en el mundo convirtiéndose en instrumentos para la verdad y para Dios. En 1914 se reunieron en lo que ellos llamaron el Consejo de Londres, donde se comprometieron a siempre dar voz a cada uno de sus miembros, aun cuando alguno de ellos llegara a faltar. La guerra iniciaba, algunos de sus amigos habrían de morir y Tolkien nunca olvidó su compromiso. Este fuego que surgió entre amigos, en el que se plasmaron ideales, metas y deseos de trascender, dio fruto. La amistad que se comparte en la fe y que busca hacer del mundo un lugar mejor es algo muy necesario en nuestro tiempo.
  4. Por consejo del Padre Francis, Tolkien se esperó a cumplir 21 años para poder casarse con Edith, de quien estaba enamorado desde años atrás. Él sintió que ese tiempo de espera fortaleció su voluntad. Una vez casado tuvo que partir a la guerra como teniente especializado en lenguaje de signos. Se enfermó en batalla y durante su convalecencia inició el Libro de los Cuentos Perdidos. Nunca hizo a un lado su vocación de escritor y fue perseverante en sus metas.
  5. Se dedicó a dar clases, tutorías, conferencias e investigaciones en el campo de la lingüística y filología, tomándose tiempos especiales para escribir poemas e historias. En 1925 se abrió para él una posición como profesor en Oxford.
  6. Su sueño fue crear una mitología especial para Inglaterra. Se dio cuenta de que muchos países y zonas del mundo contaban con ese aspecto que les daba identidad, y él quería dar una mitología a su nación. Algo muy bonito que se puede descubrir en Tolkien es que, al ofrecer su trabajo y su misión a Dios, era lógico que su sueño no se quedara en lo pequeño: tenía que elevarse y trascender. Puede decirse que la mitología que él creó alcanzó la categoría de universal.
  7. Sus obras más conocidas son El Hobbit y el Señor de los Anillos. Ante la decepción que vivían los seres humanos por tanta guerra y maldad, y viendo que la filosofía de masas que prevalecía hacía ver al hombre como un ser insignificante, Tolkien se propuso devolver a la persona su gran valor, su semilla de heroísmo y su capacidad de cambio para bien, con un mensaje de esperanza.
  8. Para Tolkien fue muy importante el tema de dignificar a los más débiles o pequeños. Por eso su cariño hacia los hobbits. De hecho él se sintió identificado con estos personajes por su simplicidad, por el amor a su comarca, jardines y costumbres.
  9. La amistad de Tolkien tuvo un papel esencial en la conversión de otro gran escritor: C.S. Lewis, quien era ateo. Sin Tolkien seguramente no existirían las historias de Narnia ni las obras sobre el cristianismo que dejó Lewis.
  10. Tolkien tuvo cuatro hijos. El mayor, John, fue sacerdote. En las cartas a sus hijos dejó un bello legado de consejos sobre la vida, el amor, la escritura y la misión de vida. Siempre se despedía pidiéndoles oración.
  11. Quiero terminar con una frase de una carta de J.R.R. Tolkien a su hijo Michael que trató sobre el tema del matrimonio y el verdadero amor:

“Desde la oscuridad de mi vida pongo delante de ti lo que hay en la tierra digno de ser amado: el Bendito Sacramento… En Él hallarás el romance, la gloria, el honor, la fidelidad y el verdadero camino a todo lo que ames…”

 

Martha Moreno
Voces en el Tiempo