Al inicio de la Primera Guerra Mundial, el compositor inglés Ralph Vaughan Williams empezó a escribir un concierto mientras observaba el transporte de tropas en el Canal de la Mancha. Su inspiración venía de un poema de George Meredith sobre el vuelo de la alondra y de ahí tomó el nombre para su obra musical: El Remontar de la Alondra. Un niño lo observaba detenidamente y cómo no entendía lo que escribía pensó que era un espía. Lo acusó ante las autoridades y el músico fue arrestado. Esta anécdota me hace pensar en la facilidad con la que podemos hacer daño al juzgar lo que no entendemos y dar nuestra propia versión de los sucesos que ocurren a nuestro alrededor.

Este tipo de confusiones al interpretar las vemos a menudo: en las noticias, al ver los enredos entre países y organismos internacionales; en los medios que calumnian con facilidad antes de investigar bien; en las relaciones entre personas donde hay malos entendidos que deshacen amistades o hasta matrimonios; en el whatsapp donde se perciben ofensas y quizá nunca hubo intención de hacer daño; en las reuniones donde se etiqueta rápidamente; en el trabajo o en la familia donde no se escucha bien y se emiten juicios que hieren.

¿Cómo es posible que de una acción que promueve paz, como es la creación de un tema musical basado en la libertad de una alondra, pueda alguien ver un movimiento de guerra? ¿De qué manera podemos aprender a ver y escuchar con prudencia y amor, de tal forma que sepamos apreciar la esencia y el lenguaje real del que está frente a nosotros? ¿Cómo poder captar mejor la realidad de nuestro prójimo en la verdad y siempre con caridad?

Si me encuentro con una persona que habla un idioma que yo no conozco, lo lógico es que no entienda lo que me dice y busque con ella algún medio, como señas o dibujos, para comunicarnos. Pero puede pasar que, aunque domine un idioma, por ejemplo el de las notas musicales para tocar el piano, me encuentre con una melodía que me cambie las reglas y me dificulte la interpretación. Hace poco me pasó eso con una partitura que se tocaba en clave de fa tanto para la mano izquierda como para la derecha. Eran Las Barricadas Misteriosas del compositor barroco Couperin. Aunque pareciera fácil, me costó mucho trabajo leerla. Mis ojos y mi cerebro siempre han relacionado la mano derecha con la clave de sol. Muchas veces la creencia de  que puedo entender perfectamente a otra persona, porque normalmente reacciona de cierta manera, me puede impedir el abrirme a observarla, escucharla y conocerla mejor.

Existen muchos lenguajes que necesitamos descifrar para lograr que  nuestros ambientes se vuelvan más humanos y receptivos. Algunos ejemplos son: el lenguaje de los adolescentes, de las personas introvertidas, de los que sufren depresión, del que está viviendo una relación rota o una familia dividida, del solitario, del resentido, del anciano que ya no se siente útil, del adicto, de la persona que ha perdido la fe, etc. ¿Cómo quitar las barreras u obstáculos que ellos se han impuesto ante tantos juicios por sus comportamientos? Puede pasar también que los más cercanos a nosotros se nos acerquen con otro lenguaje que necesitemos traducir. ¿Cómo quitar muros de incomprensión para aprender su idioma y así vivir con ellos verdaderos encuentros? Son barricadas misteriosas que sólo el amor puede derribar.

El fundador de los hogares El Arca para discapacitados, Jean Vanier, en su libro Volviéndonos humanos, nos presenta siete aspectos del amor que pueden transformar el corazón del que no se siente entendido por su lenguaje diferente:

  1. Revelar la belleza de sus dones y de su valor dándole tiempo, atención y ternura. Amar no sólo es hacer algo por otro sino revelarle su propia unicidad, decirle que es especial y digno de atención. Podemos expresar esta revelación mediante nuestra presencia.
  2. Comprender de dónde vienen sus actitudes y motivaciones tomando en cuenta su contexto e historia.
  3. Dar nombre a las cosas y a los sentimientos en un proceso de comunicación que nos ayude a sanar y a ser sanados.
  4. Celebrar con alegría a la persona en su totalidad, incluyendo sus elementos buenos y
  5. Habilitar a la persona enseñándole nuestro idioma y otras cosas que le puedan servir. Para entendernos hay que aprender juntos continuamente.
  6. Vivir en comunión y confianza. Necesitamos aceptar la presencia del otro en un llamado recíproco que no busque controlar.
  7. Perdonar, porque todos llevamos heridas en nuestro interior y estamos rotos.

En el siglo XIX, mediante el idioma Esperanto, se pretendió tener una sola lengua para todo el mundo. ¿No serán los lenguajes del amor y de la comprensión los mejores medios para hacernos entender en estos tiempos de confusiones y malas interpretaciones?

 

VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO