La casa del amor es la casa de Cristo, y por consiguiente la Casa de María. Es el lugar donde podemos pensar, hablar y actuar a la manera de Dios, no a la manera de un mundo lleno de miedo y superficialidad. Esta casa del amor no es un lugar en el futuro, un sitio en el cielo, o fuera de nuestro universo. Jesús nos ofrece esta morada hoy, invitándonos a superar nuestra ansiedad, vacío y dolor.
Todos los seres humanos estamos llamados a ese hogar, a esa intimidad, a esa vida en familia, en comunidad.
Nuestro hogar es un lugar de intimidad. En ese espacio deberíamos: sentirnos libres de todo miedo, hacer a un lado nuestras defensas, y superar angustias y presiones. En el hogar quisiéramos siempre reir, bailar, soñar, conversar, leer, escuchar música, estar con las personas que queremos, incluso llorar; y todo ello con la sensación de libertad y naturalidad. En el hogar es donde se puede descansar y superar las enfermedades del cuerpo y del alma.
Muchas personas no tienen hogar. Algunas por sus heridas internas. Otras porque han sido desplazadas de sus ciudades o países. Para entender al que no tiene hogar podemos visitar hospitales psiquiátricos, campos de refugiados, cárceles, orfanatos, o ver a los migrantes y vagabundos en las calles. Cuando hemos experimentado el calor de un verdadero hogar adquirimos el gran compromiso de asistir y apoyar a las personas que no lo tienen o lo han perdido. Hay personas sin hogar dentro de una casa aparentemente normal, pero llena de rencor o desamor. En esos casos también debemos apoyar y llevar a Jesús.
Les platicaré de un hogar muy particular, una verdadera casa de María: la casa de la familia Martin Guerin, que fue la familia de Santa Teresita del Niño Jesús…
En esa casa Jesús fue muy amado. Sería algo hermoso que nuestros hogares fueran hogares de María, donde pudieran florecer las virtudes en un ambiente formativo de libertad.
¿Cómo fue la casa de Santa Teresita de Lisieux? Les comparto algunas de sus características:
- En 1858 contrajeron matrimonio Luis Martin y Celia Guerin. Ambos han sido canonizados. Tuvieron nueve hijos de los cuales sobrevivieron 5 hijas. Su hija Teresita es santa y doctora de la Iglesia.
- Para esta familia su casa era un templo de Dios. La estatua de la Virgen María era un punto de concentración espiritual y el signo de la unión que reinaba. Ante ella se rezaban las oraciones de la noche, y a sus pies se arrodillaba Teresita.
- Se le daba mucha importancia al mes de Mayo, mes de María. La Virgen se colocaba en el centro de un auténtico oratorio y se le adornaba con flores y canastillas.
- En el número 36 de la calle de San Blas de Alençon, Francia, se escuchaban cantos y gritos por doquier, se observaban rostros alegres y gran actividad. Reinaba la alegría.
- La caridad era el alma del hogar. Se buscaban siempre ocasiones para ayudar a los necesitados.
- Luis era relojero. Celia era una mujer trabajadora, tanto en su hogar como en su taller de fabricación de encajes. Fue asombroso su testimonio cristiano de laicos comprometidos.
- Estos padres de familia integraban un frente único con autoridad, límites, amor y confianza. Se buscaba la formación integral de las hijas, poniendo especial interés en el corazón, la mente y el espíritu.
- Se luchaba contra el amor propio y se buscaba la austeridad. Se insistía en la regularidad y en el orden. Se cuidaba el lenguaje y se corregía. Se enseñaban las buenas maneras y se educaba en la renuncia y en la fortaleza.
- El objetivo de esta familia era formar hijos de Dios. Se trataba de formar cristianos santos y el ejemplo era algo básico. El hogar era una verdadera escuela donde se abrían espacios para que las hijas desarrollaran sus talentos que serían ofrecidos al mundo y a Dios.
La voz de Santa Teresita nos habla del refugio que tuvo como hogar:
“¡Oh, cuánto me complace el recuerdo de los días benditos de mi infancia. Por guardarme la flor de mi inocencia siempre me rodeó el Señor de amor!”
“¡Dios me ha dado un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra!”
Pidamos a Dios en este día que, por intercesión de Santa Teresita de Lisieux y de sus padres santos Luis y Celia, seamos capaces de hacer de nuestros hogares verdaderos oasis de paz, donde reine la virtud, y podamos hospedar siempre a nuestra Madre María.
Martha Moreno
Voces en el Tiempo