Así me preguntó un adolescente en el confesionario cuando después de decirme sus pecados le hablaba del Plan que Dios tiene para cada uno de nosotros, le decía: “Dios quiere que todos seamos felices, pero no a toda costa o no por cualquier camino, sino que quiere que seamos felices pero cumpliendo sus mandamientos, observando sus normas y preceptos, amando su palabra y poniéndola en práctica”, fue entonces cuando me poreguntó algo que de verdad me desconcertó, me dijo: “Y usted ¿cómo está tan seguro de que Dios quiere nuestra felicidad? ¿qué tal si Dios no quiere mi felicidad?”, me extrañó mucho que me dijera eso, la verdad nunca había escuchado que un joven pensara así, entonces le dije: “estoy seguro de que Dios quiere nuestra felicidad y nada lo hace más feliz que la busquemos a toda costa porque Dios es nuestro Padre, y ¿qué padre no quiere que sus hijos sean felices?”, entonces me replicó: “Y usted ¿cómo sabe que Dios es nuestro Padre?, es más, ¿cómo está tan seguro de que Dios existe?”, entonces me di cuenta de que este adolescente traía una crisis existencial, y comprendí que necesitaba más cariño y comprensión que lógica o razonamientos, así que le dije: “mira, sabemos que Dios es nuestro Padre porque así nos lo ha revelado Jesús, que es el hijo amado del Padre, quién ha venido al mundo para darnos a conocer el plan del amor de Dios por toda la humanidad, el mismo Jesús nos ha hablado de la existencia de este Dios que es Padre y que quiere lo mejor para nosotros, entonces ¿cómo no creer en él?, ¿cómo desconfiar de su palabra? si Jesús siempre fue testigo veraz, es decir que sabe lo que dice y dice lo que sabe”. Entonces noté que este  joven, primero renuente y cerrado a lo que le decía empezó a aceptar poco a poco las cosas que yo le decía y me di cuenta que el Espíritu Santo estaba actuando en él, ya que cada vez que voy al confesionario le pido al Espíritu Santo me inspire las palabras oportunas para poder aconsejar y le pido que ilumine a quienes voy a encontrarme en el confesionario para que acepten la Palabra de Verdad, Palabra que salva.

Amigos, no tratemos de comprender a Dios con nuestros criterios o nuestras categorías, Dios es infinitamente incomprensible, es un misterio, está más allá de nuestra capacidad y entendimiento. A Dios más que comprenderlo hay que amarlo, el misterio de Dios más que entenderlo con la inteligencia hay que aceptarlo con el corazón. Y no se nos ocurra pensar que Dios es nuestro enemigo, nuestro adversario, o alguien que obstruye nuestra realización o felicidad, al contrario, creamos en lo que nos ha dicho Jesús, que Dios es un Padre Bueno, como nos lo enseñó en la conocida parábola del hijo pródigo, Dios es como el padre de la parábola que ama entrañablemente a sus hijos y quiere lo mejor para ellos. Creamos en lo que Jesús nos ha revelado, creámosle a Jesús, que no tiene porqué engañarnos, creamos en Jesús, que es el revelador del Padre, y yo les aseguro que confiando y creyendo en la palabra de Jesús estamos en el camino de nuestra realización, de nuestra felicidad y de nuestra salvación eterna. Que Dios los bendiga.

Si Dios lo permite, nos leemos la próxima semana.

 

Padre Eduardo
Confidencias del Confesionario