En estos días no he dejado de pensar en lo importante que es presentar dones a Dios. ¿Qué tipo de dones? Puedo dar una larga lista: hallazgos de bondad, verdad, belleza, música, virtud, sorpresas que consuelen el Corazón de Jesús, encuentros, sacrificios, obras de misericordia, amistades, talentos, sueños, voces de sabiduría, santidad cotidiana o extraordinaria, conversiones, etc.

Hoy le quiero presentar familias a Dios. Esas familias que están en sus casas, en convivencia intensa, en descubrimiento de cualidades, en desconexión del mundo, en renovación de fe. Las familias están juntas, revueltas, alborotadas, asustadas, convocadas a un encuentro que sólo puede resultar en una ofrenda agradable a Dios. Cada hogar es un paraíso dispuesto a recibir misericordia, salud, austeridad, generosidad, valentía, reconciliación, apertura. La unidad es por fin la reina de los hogares, aunque no haya sido precisamente invitada. No importa, está aquí con nosotros y es un verdadero tesoro.

En una ocasión leí a una autora definir la contemplación como una “parada total” o “full stop” en inglés. Estamos en parada total. Sigamos el camino a la contemplación y hagámoslo en estado de familia. Presentemos nuestras familias a Dios. Aprovechemos estos días para hacer una consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María. Él toma esta ofrenda y la acepta de manera completa, aunque hubiera algún miembro de la familia renuente. Él nos abraza en nuestra necesidad y vuelve a tomar su lugar. Hagamos una entrega sin reservas. Él nos responderá siempre rebasando todas nuestras expectativas. Confiemos en la Divina Providencia en estos momentos de enfermedad, miedo y confusión.

CONFIANZA EN LA PROVIDENCIA

Días confusos, días eternos,

en la intimidad de una oración sencilla;

me adentro en mi condición de escriba

sonriendo siempre por estar viva.

 

En el Corazón más grande, en el Corazón más dulce,

recibo paciencia y confianza infinita

porque todo está planeado desde arriba

para un nuevo inicio, para recibir caricias.

 

La Providencia nos abraza, la Providencia nos abriga,

aunque todo parezca una injusticia o malicia;

ya llega la fuente de salud en familia

con un proyecto fuerte de amor y sonrisas.

 

Nuestros hijos aprenden, nuestros hijos comparten

momentos que forjan sus almas valientes;

sus vidas se abren al valor del instante,

la gracia los abraza, sus dudas se disuelven.

 

Felices damos gracias, felices somos fieles

a este sacramento de un presente puro,

donde llega la humildad que nos convierte

en agentes de paz y sanación del mundo.

 

Presentemos nuestras familias a Dios como una ofrenda dulce y reparadora de un mundo que ha perdido su equilibrio y su rumbo. Que los valores de verdad y de unidad en las familias produzcan corrientes de amor en nuestros ambientes y de salud en nuestras almas y cuerpos.

 

VOCES EN EL TIEMPO. MARTHA MORENO