Con esta pregunta comenzó un joven su diálogo conmigo en el confesionario. Me decía: “Padre, yo quiero mucho a mi novia, estamos enamorados, entonces no entiendo por qué tener relaciones sexuales con alguien que amas es pecado, ¿me puede usted explicar?”, entonces yo le dije: “Las relaciones sexuales son un acto propio de los esposos, es decir, es propio del matrimonio la entrega mutua en las relaciones íntimas, es una de las expresiones más altas de su amor como pareja”, él me dijo: “Padre, pero si yo quiero mucho a mi novia y tengo el deseo de unirme a ella por amor no entiendo dónde está el pecado”, entonces le respondí: “No basta decir que determinada acción se realiza ‘por amor’ para justificarla, más bien hay que preguntarse cuál es el plan de Dios para que el hombre alcance la felicidad. Dios ha unido desde el principio tres elementos inseparables en la vida del hombre que nosotros hemos separado pervirtiéndolos: Matrimonio, unión íntima y procreación. En el libro del Génesis encontramos que dice el texto sagrado: ‘Los bendijo Dios y les dijo: sean fecundos y multiplíquense’ (Gn 1,28), es decir, que Dios ha querido desde el principio que el matrimonio (‘los bendijo Dios’) precediera a la unión íntima, que es el medio por el cual Dios ha querido que el hombre ‘se multiplique y llene la tierra’, desgraciadamente el plan maravilloso que Dios tenía, el ser humano lo ha corrompido, porque lo que Dios concibió unido, matrimonio, unión íntima y procreación, nosotros lo hemos separado contradiciendo el plan de Dios, ahora las personas quieren tener relaciones, pero no quieren casarse ni tener hijos. Otros, por su parte, quieren tener hijos pero sin casarse e incluso sin tener relaciones, es decir, se hacen de hijos fabricados en laboratorio, pero que nacen no por un acto de amor, sino de egoísmo, sus caprichos caros los han hastiado y ahora se hacen de un hijo; tristemente los seres humanos hemos contravenido el plan de Dios, y si contravenimos el plan de Dios no podemos ser felices”, entonces el joven muy sensatamente me dijo: “Padre, yo no sabía todo esto que usted me acaba de explicar, le agradezco que me haya abierto los ojos, es que hoy en día muchos jóvenes piensan que lo más normal es que si un hombre y una mujer se atraen entonces pueden tener relaciones y lo ven como lo más normal”, yo le respondí: “Efectivamente, muchas personas piensan que si muchos hacen algo entonces está bien y ellos también pueden hacerlo, pero no es verdad, el criterio de verdad y de bondad, es decir, de lo que es verdadero y lo que es bueno no depende de lo que diga la mayoría, sino de la Ley de Dios”.

Amigos, en nuestra vida diaria hay tantas cosas que hacemos creyendo que están bien, porque las hace la mayoría, pero no están bien, y lo sabemos, porque  hay algo en nosotros que nos lo dice, por eso lo primero que debemos hacer cuando tenemos duda de si algo que hacemos, pensamos o decimos es bueno o no es ir a preguntarle al sacerdote, que conoce la Ley de Dios y las exigencias de la misma. No pervirtamos el plan de Dios separando lo que él ha unido indisolublemente, es decir, matrimonio, unión íntima y procreación, no nos creamos más inteligentes que Dios rediseñando su plan para que el hombre sea feliz, más bien conozcamos lo que Dios ha querido para nosotros desde la creación del mundo, porque conociendo la voluntad de Dios sobre el hombre y el plan que él tiene para que seamos felices nos ayudará a desearlo y querer alcanzarlo.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Padre Eduardo Michel Flores