Así me preguntaba en el confesionario una señora desesperada porque tenía que atender a un hermano con una discapacidad. Me decía: “Ninguno de mis hermanos me quiere ayudar, a veces le he reclamado a mis padres por haberme dejado a este hermano mío que tengo que cuidar, alimentar, cambiar, vestir, bañar, etc. y me pregunto: ¿por qué Dios me castigó de esta manera?”. Yo le dije: “Claro que es pesado cuidar a un enfermo, a un anciano o a un discapacitado, es difícil y muchas veces cansado, pero no creo que sea un castigo de Dios. Es un medio de santificación que el Señor nos da”, y me respondió: “Pero es muy pesado, me canso mucho, me duele la espalda de cargar a mi hermano para cambiarlo y bañarlo”, entonces yo le dije “Somos seres humanos, no somos ángeles, y nuestras fuerzas y nuestra paciencia tienen un límite”. Le dije también: “Para hacer caridad de forma constante y permanente se necesita participar del sacramento de la caridad, que es la Eucaristía. Además se ocupa pasar tiempo en oración y si es delante del Santísimo Sacramento es mejor, Santa Teresa de Calcuta les decía a las religiosas de su congregación que ‘Lo más importante es que tengan un amor hondo, personal, al Santísimo Sacramento, de tal forma que encuentren a Jesús en la Eucaristía. Así podrán encontrarle en el prójimo y servirle en quien les necesita’. Sólo unidos a Jesús Eucaristía podemos hacer caridad de forma permanente y continua. Además dice la Sagrada Escritura que ‘Dios que no permitirá que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas’ (1 Cor 10,13)”. Entonces noté que comenzó a entender y terminó pidiéndome oración por ella y por la difícil misión que Dios le confió.

Estimados hermanos, nos enseña la fe cristiana que “Dios nunca permitiría un mal si no buscara obtener un bien mayor”, las pruebas por las que podemos pasar en la vida son medios de santificación y purificación que el Señor permite para nuestro bien. Cuidar a un enfermo, a un anciano o a un discapacitado está lejos de ser un mal, así nos lo hacer ver este mundo egoísta, individualista, pero nosotros los cristianos entendemos que no es ningún castigo de Dios, por el contrario, es una oportunidad única de ser santos en nuestra propia casa, no despreciemos las oportunidades que el Señor nos da de ser santos a domicilio. Y si una misión de éstas tenemos entre manos, pidamos a Dios su fuerza para llevarla cabo. Dios los bendiga.