Hace un tiempo una señora me hizo una petición:

-Padre, ¿podría darle una bendición especial a mi hija para que saque mejores calificaciones?.

-¿Por qué me pide eso?

-Es que mi hija batalla mucho con la escuela, tiene 11 años, está en 5º de primaria y le cuesta mucho trabajo el estudio, se pone a estudiar pero no aprende nada y saca malas calificaciones, pero yo creo que si le da usted una bendición especial a mi hija seguramente podrá estudiar con más provecho y obtener mejores calificaciones.

-Mire, yo le puedo dar una bendición a su hija para que Dios la ilumine, pero no hay bendiciones para que un niño saque mejores calificaciones en la escuela como si fuera magia; para sacar buenas calificaciones se necesita el estudio, la dedicación, la disciplina…

-Padre, le aseguro que mi hija es muy dedicada al estudio, no pierde el tiempo, es muy disciplinada para sentarse a estudiar, pero no sé qué le pasa que no obtiene buenas notas, parece que no retiene lo estudiado, algo no está bien, pero no sé qué es.

-Mire, si su hija es dedicada y disciplinada para estudiar y no retiene lo estudiado, tal vez tenga un problema de aprendizaje, habría que consultar con especialistas en la materia para que ellos le ayuden, ese problema no lo resolverá solo con una bendición especial.

Las bendiciones son ritos instituidos por la Iglesia a semejanza de los siete sacramentos, que se componen de oraciones y de signos -señal de la cruz, aspersión del agua bendita, etc.-, y que son celebrados en el nombre de Cristo por los ministros sagrados, a fin de santificar a las personas y las cosas, protegiéndolos del diablo y del mundo, y disponen a las personas para mejor recibir los bienes de la Redención, o si son cosas, las hacen más idóneas para servir a los hombres, sirviendo a Dios. Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella. Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares). Toda bendición es alabanza a Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre “con toda clase de bendiciones espirituales” (Ef 1,3). Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo la señal de la cruz. La Iglesia, cumple la voluntad de Cristo bendiciendo personas, cosas y lugares, porque Cristo lo hizo, y Ella ha de continuar su presencia en el mundo hasta la Parusía. Los ministros sagrados del Señor, Obispos, Presbíteros y Diáconos, han sido constituidos para bendecir a los hombres, a las cosas y a las actividades del mundo, y para procurar así que todo quede orientado hacia la gloria de Dios y hacia la santificación de los hombres. Así pues, las bendiciones no deben ser vistas de forma supersticiosa, como si de fórmulas mágicas se tratara. Las bendiciones no suplen ni sustituyen el esfuerzo humano, sino que lo acompañan y consagran. Se puede bendecir a un niño que va a la escuela para que Dios lo ilumine, pero no se debe esperar que Dios le haga sacar mejores calificaciones supliendo su esfuerzo.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.