Un día entro un hombre joven en el confesionario y cuando le pregunté: “hace cuánto tiempo que no se confiesa”, me dijo: “Padre, hace mucho tiempo que no lo hago, ya perdí la cuenta, yo creo que varios años”, entonces yo le pregunté: “Y ¿Por qué tanto tiempo?”, él me respondió: “Padre, yo creo en Dios, pero no en la Iglesia”, entonces yo le dije: “A ver explíqueme ¿Qué significa eso?”, entonces él me dijo: “Yo siempre he creído en Dios, desde niño, soy una persona de fe, cuando era niño y adolescente participaba en la misa cada domingo con mi familia, pero conforme fui creciendo empecé a oír de mis maestros en la escuela cosas muy feas que se decían de la Iglesia, al mismo tiempo leí muchas cosas que se publicaban en medios electrónicos e impresos, graves ataques contra la Iglesia y sus ministros, por eso me empecé a ausentar de la misa dominical y a alejar de la práctica de mi fe”, entonces yo le dije: “Mira, lo primero que te quiero decir es que cuando te alejas de la Iglesia te alejas de Dios, porque la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y es a través de ella que nos encontramos con el Cristo. Es verdad que nuestro Salvador es Jesucristo, pero también es verdad que él ha querido hacer de la Iglesia ‘sacramento universal de salvación’. Por medio de la cual podemos tener acceso a la salvación. Por otro lado no soy ajeno al conocimiento de ese ambiente anticlerical que existe en algunas escuelas, yo mismo fui testigo de eso en la preparatoria, hay maestros que no respetan lo que significa que la escuela sea laica y atacan despiadadamente a la Iglesia y ridiculizan la fe cristiana, haciendo con esto grave daño en adolescentes y jóvenes que acuden a esas escuelas. Yo te pregunto ¿comprobaste alguna de las afirmaciones que hacían tus maestros contra la Iglesia o contra la fe cristiana?, porque generalmente son mentiras disfrazadas de verdad, o verdades a medias que finalmente son una mentira”, él me respondió: “Ahora que lo dice, pienso que no, siempre acepté a ciegas lo que los maestros decían”. Entonces yo le dije: “Y respecto a los ataques contra la Iglesia y sus ministros en los medios de comunicación se puede decir lo mismo, muchas veces se trata de noticias descontextualizadas, o bien manejadas con mucho amarillismo y con el deseo de golpear. No habrá que negar que alguna noticia de esas pueda ser verdadera, aquí el asunto es que se dicen con el fin de desinformar y golpear la credibilidad en una institución que goza de alto aprecio y estima entre la gente en general, por eso hay que estar muy atentos y no dejarse engañar por las mentiras y falsedades que circulan por las redes”, entonces él agradecido me dijo: “Le agradezco su ayuda, padre”.

Debemos tener cuidado de las campañas de desprestigio y ataque que se despliegan contra la Iglesia y sus ministros, esto no es casualidad, hay intereses oscuros a muy altos niveles de la economía y la política que quieren minar la credibilidad de una de las instituciones más prestigiadas de la sociedad, es verdad que entre los miembros de la Iglesia hay errores y pecados, pero sería injusto generalizar y más aún sería absurdo alejarse de la fe por lo que digan otros o por los pecados de los hombres, porque Dios nunca falla y nuestro salvador es Jesucristo que nos salva en su Iglesia.

Hasta la próxima semana, si Dios quiere.   Pbro. Eduardo Michel Flores.