Una vez vino una joven al confesionario y me preguntó: “Padre ¿puede un cristiano creer en el karma?”, yo le respondí: “¿Por qué me lo preguntas? ¿Tú crees en eso?”, ella me dijo: “Padre, es que cada vez a más personas oigo hablar del karma, en mi escuela he oído a mis compañeros, cuando a alguien que se ha portado mal con otros le pasa algo malo, dicen que ‘fue el karma’; igualmente lo oigo mencionar mucho en la televisión, en labios de personas públicas cuando les preguntan su opinión de un incidente desafortunado sucedido a personajes con los que tenían alguna dificultad o fricción, ellos simplemente dicen ‘fue el karma’, ya hasta en mi colonia he oído hablar del karma, el otro día oí a mis vecinos decir que ‘fue el karma’, cuando un vecino conflictivo y grosero, tuvo un accidente con su coche, pero la verdad no sé exactamente que es el karma y si un cristiano puede creer en él”, yo le respondí: “El karma es la creencia de que todo lo que hagas regresará a ti, tarde o temprano, lo bueno y lo malo. Esta creencia es central en la doctrina de ciertas religiones orientales como el hinduismo y  el budismo. El karma explica lo que le sucede a cada uno como una reacción a las acciones buenas o malas realizadas en el pasado más o menos inmediato”, entonces ella me dijo: “Y eso ¿cómo lo ve la Iglesia? ¿puede creer en el karma quien profesa la fe cristiana?”, yo le contesté: “El karma está en contraposición con la doctrina cristiana, porque afirma que por una ley espiritual cósmica impersonal somos castigados o recompensados según nuestras obras, si hacemos cosas malas, vamos a sufrir, en esta vida o en la que vendrá (en la reencarnación), y si hacemos cosas buenas, seremos recompensados aquí o en la vida que vendrá (en la reencarnación). El karma no necesariamente es inmediato, pero a la larga la gente es recompensada o castigada según sus obras. Estas creencias están en abierta contradicción con la Palabra de Dios y con lo que enseña la Iglesia, es decir, que existe un Dios personal, bueno, que guía y conduce los destinos del universo, un Dios que es justo, que le dará a cada uno premio o castigo según sus obras, pero al final de la vida, que además de justo es compasivo y misericordioso, capaz de perdonar al que pide perdón y reconoce humildemente sus pecados, por lo cual aunque haya pecado gravemente Dios le ofrece su perdón y la posibilidad de la redención; eso contradice el determinismo absoluto de la doctrina del karma, es decir, que el ser humano irremediablemente recibirá tarde o temprano premio o castigo por sus obras buenas o malas, por lo cual, no sirve de nada el arrepentimiento o la conversión. Un cristiano no puede creer en el karma sin contradecir los principios mismos de su fe, por ejemplo, en el tema de la reencarnación. El karma está basado en la creencia de la reencarnación. La doctrina del karma dice que, si uno es generoso, amable y santo durante su vida, será recompensado al ser reencarnado (renacido en un nuevo cuerpo terrenal) en una vida placentera. Sin embargo, si uno vive una vida de egoísmo y maldad, será reencarnado en una vida que será menos que placentera. En otras palabras, nosotros cosechamos en la siguiente vida, lo que sembremos en esta. La Biblia y la enseñanza de la Iglesia no concuerdan con la idea de la reencarnación, que contradice la fe en la resurrección, así que, por tanto, no respaldan la idea del karma. Jesús mismo rebate la doctrina del karma en aquel pasaje del evangelio en el que se presentaron algunos a contar a Jesús lo que les había pasado a unos galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les dijo: «¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Ciertamente que no; y, si no se convierten, todos perecerán de manera semejante. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y, si no se convierten, todos perecerán de manera semejante»’ (Cf. Lc 13,1-5)”.

Es lamentable ver como muchos cristianos por ignorancia de su fe o por esnobismo, caen seducidos o engañados por ideas extrañas provenientes de doctrinas ajenas a la fe cristiana, ideas como el karma o la reencarnación que contradicen los principios básicos de la fe cristiana, la fe en un Dios personal, justo y misericordioso, que nos ofrece su gracia y la posibilidad de conversión. La fe en la resurrección que está en abierta contradicción con la reencarnación. No hay pecado, por grave que sea, que no pueda ser perdonado, y no hay pecador imperdonable o irredento, todos tenemos posibilidad de conversión y de cambiar de vida. Karma y cristianismo se oponen.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.