En cierta ocasión, al salir de misa, me buscó una señora y me preguntó: “Padre, ¿Puede bendecir las cenizas de mi mascota?”.

Yo le dije: “¿Cómo está eso? A ver explíqueme, por favor”,

Entonces ella me dijo: “Mire padre, es que mi perrita, a quien tanto quería, murió hace una semana, yo la mandé incinerar, ahora vine a preguntarle si puede bendecir sus cenizas”.

Yo le respondí que eso no era posible, pero ella me cuestionó: “Pero ¿Por qué no? si se bendicen los animales, ¿Por qué no se va a poder bendecir sus cenizas?”.

“Mire -le expliqué- de hecho si usted analiza con atención las oraciones que el Sacerdote pronuncia en la bendición de los animales, en realidad no bendice a los animales, sino que bendice a Dios porque ha dado los animales a los hombres para que le sirvan de ayuda en sus necesidades y en su trabajo, así que en realidad no se bendice a los animales, sino a Dios que nos los ha dado”.

La señora siguió cuestionando: “¿Por qué si se bendicen las cenizas de un difunto, las de mi mascota no? yo la quería como si fuera un miembro de la familia”.

“Hay que dejar claro que las cenizas de un difunto no se bendicen”, le expuse también, pero ella insistió: “¿Cómo no? Yo he visto que cuando traen las cenizas de un difunto a misa al terminar el Sacerdote derrama agua bendita sobre ellas ¿Qué eso no es bendecirlas?”.

Le expliqué entonces: “Existe la idea de que si se derrama agua bendita sobre algo se está bendiciendo, pero no siempre es así; a la urna con las cenizas de un difunto se le derrama agua bendita encima para recordar el Bautismo del difunto, eso escuchamos en la oración que se dice en ese momento ‘El agua con que vamos a rociar ahora las cenizas de este hermano nuestro, nos recuerda que en el Bautismo fue hecho miembro del cuerpo de Jesucristo, que murió y fue sepultado, pero que con su gloriosa resurrección venció la muerte’, así que las cenizas de un difunto no se bendicen, el agua bendita que el Sacerdote derrama sobre las cenizas recuerda el Bautismo que recibió el difunto, así pues, sobre las cenizas de una mascota no se puede derramar agua bendita, puesto que las mascotas no reciben el Bautismo”.

-Pero mi mascota era tan buena, fiel compañera, muy cariñosa, se portaba muy bien, era obediente y dócil, era casi humana, por eso me resulta difícil aceptar que no me le quieran dar una bendición, apuntó la señora.

-No es que no queramos, sino que no podemos, porque no reúne los requisitos mandados por la Iglesia para poder hacerlo, eso hay que entenderlo bien, le dije finalmente.

Hay personas que aprecian tanto a sus mascotas que casi las consideran como miembros de su familia y quisieran que al morir también ellas fueran al cielo. No faltan los dueños de mascotas que al morir éstas, llegan al absurdo de pedir que se celebre una misa por su eterno descanso y hasta llevan sus cenizas al templo para que el Sacerdote las bendiga. ¡En qué aprietos ponen a los Sacerdotes tales personas!, porque los Sacerdotes deben explicarles que su mascota, aunque haya sido muy cariñosa, no tenía inteligencia y voluntad, facultades indispensables para poder saber lo que es bueno y querer hacerlo, por tanto las mascotas no pueden salvarse, porque no son libres para actuar y decidir como nosotros, y por ello no son capaces de alcanzar la salvación, ni de participar de la vida eterna; además que no tienen un alma inmortal como la nuestra, y, por tanto, no tienen una vida sobrenatural y no hay necesidad de orar por ellas. Hay personas que dicen que su mascota era muy buena y que se merecía ir al Cielo, pero una cosa es lo que desearíamos y otra la realidad. Los cristianos, desde los primeros siglos, hemos venerado a los difuntos derramando agua bendita sobre su cuerpo o sobre sus cenizas como recuerdo del bautismo que un día recibieron, y que fueron templo del Espíritu Santo, esto no lo podemos hacer de ninguna manera a las mascotas, cualquiera que sea, porque no tienen alma inmortal como nosotros.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.