En cierta ocasión llegó una joven al confesionario, y cuando terminó su confesión me preguntó: “Padre, ¿Por qué la Iglesia se opone a la libertad de la gente?”, yo le respondí: “¿Por qué dices eso? ¿en qué te basas para afirmarlo?”, entonces ella me dijo: “Lo digo porque he oído que cada vez que la gente quiere hacer uso de su libertad la Iglesia se opone a ello”, yo le dije: “Si pudieras ser más específica como en qué casos las personas quieren hacer uso de su libertad y la Iglesia se opone, podría yo darte una respuesta más precisa”, entonces ella me dijo: “Pues cada vez que las mujeres quieren decidir libremente sobre su propio cuerpo, sobre todo en temas tales como si decide una mujer seguir con un embarazo o interrumpirlo, la Iglesia se opone a que la mujer decida libremente sobre su propio cuerpo diciendo que la interrupción del embarazo por parte de una mujer no es una opción viable y es inmoral”, yo le dije: “Para poder responderte quiero que me digas ¿Qué es para ti la libertad? ¿Qué entiendes por libertad?”, ella me dijo: “Pues libertad para mí es poder hacer lo que yo quiera con lo que me pertenece o con lo que es mío”, yo le dije: “La Iglesia no se opone a la libertad de las personas, al contrario, es una gran custodia de la libertad en general y de las libertades del individuo en lo particular. Respecto al argumento que has usado debo decirte que, si el ser humano se hubiera dado a sí mismo la vida, él mismo se la podría quitar, pero no es así; además, cuando una mujer queda embarazada comienza a formarse en su seno un nuevo ser humano, único e irrepetible, con un ADN propio, distinto del de la madre, por tanto, es como un huésped al que hay que cuidar y al que no se puede matar sin violar sus derechos fundamentales”, ella me dijo: “Voy entendiendo, aun así quisiera mencionarle otro caso parecido, por ejemplo, cuando un ser humano que sufre una enfermedad terminal, decide libremente acabar con su vida para evitar el sufrimiento, inmediatamente la Iglesia se opone a ello y hasta amenaza con la condenación a quienes lo realicen”, yo le dije: “Estamos frente a un caso similar al anterior, la persona no debe quitarse la vida, porque no se la dio a sí misma, además la persona hoy debe reaprender de nuevo el valor del sufrimiento y a no rehuirlo, porque es fuente de madurez a nivel humano y de santificación a nivel espiritual”.

Qué equivocados están, algunos que piensan que la Iglesia se opone a su libertad, nada más porque no les permite hacer lo que les venga en gana; es importante comprender qué es la libertad y no abusar de ella. Es lamentable que hoy no se valore la vida, sino que se le desprecie, los gobiernos prefieren apoyar leyes que promuevan el aborto o la eutanasia que crear políticas públicas provida y pro familia. Dios nos conceda abrir los ojos para ver las atrocidades que se producen y justifican con la cultura de muerte que se nos quiere imponer desde las más altas esferas del poder político internacional.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.