En cierta ocasión llegó un señor al confesionario y me preguntó: “Padre, ¿Por qué la Iglesia cobra sus servicios? ¿No deberían ser gratuitos?”, yo le dije: “¿A cuáles servicios se refiere?”, y él me dijo: “A los servicios que la Iglesia ofrece, por ejemplo, Bautismos, Primeras Comuniones, Quince Años, Matrimonios, Graduaciones, Funerales, intenciones de misa, presentaciones matrimoniales, etc.”, entonces yo le dije: “Efectivamente en la Iglesia los bienes espirituales son gratuitos, no se cobran, no se compran, ni se venden, no paga usted por una misa, no compra usted un sacramento, porque los servicios religiosos no se pueden cuantificar en dinero, la Iglesia no cobra por esos servicios, sino que más bien pide una cooperación a los fieles, por ejemplo para el papeleo de los sacramentos que tramita o para la realización de los servicios que presta”, él me dijo: “Pues sea lo que sea, cobro o cooperación, para el caso es lo mismo, se le cobra a la gente por un servicio que debería ser gratis, como dijo recientemente el Papa”, entonces yo le respondí: “Los sacramentos y las bendiciones no se cobran, ni se venden, porque no habría dinero en el mundo para poder pagarlos, son bienes intangibles e inestimables, no se cobran, se pide una cooperación, pero no es un cobro, es una contribución voluntaria para los gastos más elementales que se hacen en una Iglesia, por ejemplo, los gastos de oficina, el sueldo de la secretaria, el papeleo de los trámites, las actas y expedientes, las constancias y copias de actas, el equipo de cómputo, la luz, etc. En el templo el sueldo del sacristán, el aseo del templo, la luz, las flores, el mantenimiento del mobiliario, etc.”, entonces él me interrumpió para decirme: “No había pensado en todo eso”, y yo añadí: “La Iglesia pide a los fieles una cooperación por los servicios que presta, una cooperación que se pide de buena manera y que se da de buena gana, porque las parroquias tienen dos fuentes principales de ingresos para sostenerse y seguir funcionando, las colectas en las misas y los ingresos de la oficina parroquial o notaría, pero los servicios parroquiales no se venden, se ofrecen y por ellos se pide una cooperación voluntaria para contribuir al funcionamiento de la parroquia”, él me preguntó: “Entonces ¿Cómo debe entenderse lo que Jesús dijo a sus discípulos «Gratis lo han recibido, denlo gratis»? ¿No debe entenderse como que los sacerdotes deben ofrecer sus servicios sin cobrar nada?”, yo le respondí: “Hay que conocer el contexto en el que fue dicha la Palabra de Dios para saber a qué se refiere el Señor con esas palabras ¿Qué es lo que los apóstoles recibieron gratis y deben dar gratis? Los apóstoles han recibido el poder de hacer milagros, con el cual deben anunciar el Reino y continuar la obra del Maestro, gratis han recibido ese poder, entonces deben ejercerlo gratuitamente”, entonces él me dijo: “Pues yo creo que Jesús les pedía a sus discípulos no cobrar por su ministerio”, yo le dije: “Los sacerdotes no vendemos sacramentos, ni cobramos bendiciones, eso sería ‘simonía’, un pecado muy grave en el que incurren quienes venden las cosas sagradas, sin embargo, la misma Palabra de Dios dice que ‘el trabajador tiene derecho a su salario’, el evangelio nos presenta a los discípulos como trabajadores de la viña del Señor que tienen derecho a su salario”, entonces él me dijo: “Yo no estoy en contra de que los sacerdotes reciban una paga justa para un sustento digno, lo que no me parece es que cobren por los servicios que prestan”, yo le dije: “Pues precisamente de ese ‘cobro’, como usted le dice, se obtiene el salario de los sacerdotes, o ¿de dónde creía usted que iba a salir?”, él me dijo: “Yo creía que les pagaba el arzobispado”, yo le dije: “El arzobispado recibe ingresos de las parroquias para poder operar como institución, pero cada parroquia debe pagar a sus sacerdotes”, entonces él me dijo: “Eso no lo sabía padre, ahora voy comprendiendo muchas cosas, creo que he hablado a la ligera, estaba equivocado, le pido una disculpa”, yo le dije: “Lo importante es que comprenda su error y lo enmiende”.

Tristemente hay muchos cristianos que no conocen el funcionamiento de la Iglesia y critican sin razón. Los servicios que ofrecen las parroquias son esencialmente los sacramentos, estos no tienen precio, la misa no se compra ni se vende, tampoco la gracia, ni los bienes eternos, los servicios que se ofrecen en una parroquia son más bien de naturaleza espiritual, y aunque la tarea de la Iglesia es fundamentalmente la salvación de las almas, sin embargo, la misión de la Iglesia necesita recursos materiales para poder llevarse a cabo, por eso es indispensable la cooperación material de quienes solicitan un servicio, y esto hay que entenderlo. Sin embargo, en las parroquias somos conscientes que si una persona no puede dar la cooperación que se pide para un servicio igualmente se le ofrece con lo que pueda dar o incluso sin aportar nada, lo importante es que los fieles puedan tener acceso a los medios de salvación. Siempre existirá el riesgo de que una parroquia o un templo parezca o pueda convertirse en un ‘lugar de negocio’, donde se comercie con lo sagrado, sacerdotes y laicos debemos estar atentos para que eso no suceda en nuestra parroquia o templo y si así fuera enmendarlo.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.