Una vez un señor me preguntó: “Padre, ¿Permite la Iglesia el uso de preservativos con fines preventivos? Porque, me comentaba, que hace años él tuvo una enfermedad sexual contagiosa y, como no está seguro de estar libre de la enfermedad, y por el riesgo de contagiar a su esposa, les dijo el médico que si querían tener relaciones sexuales lo hicieran con preservativo, ellos se preguntaban si eso era correcto, si no cometían pecado al hacerlo, y si no sería mejor abstenerse de relaciones mientras ella toma un tratamiento contra esa enfermedad”.
Es una cuestión muy seria y delicada que toca la vida conyugal, la salud, la moral y la fe. Responderla requiere claridad, caridad y fidelidad a la enseñanza de la Iglesia.
- Principio moral fundamental: el acto conyugal debe ser plenamente humano, abierto a la vida y expresivo del amor total.
La Iglesia enseña que, en el matrimonio, la unión sexual está llamada a ser:
- expresión de amor total y exclusivo,
- abierta a la vida,
- realizada sin barreras físicas o químicas que impidan su significado unitivo y procreativo.
El uso del preservativo (condón), incluso dentro del matrimonio, ha sido enseñado por el Magisterio como moralmente ilícito porque frustra deliberadamente el fin procreativo del acto conyugal (cf. Humanae Vitae 14).
- Situación concreta: evitar el contagio de una enfermedad.
Hay enfermedades que se transmiten por medio de una infección de transmisión sexual. Aunque muchos portadores no presentan síntomas, puede tener consecuencias graves para la salud, especialmente en las mujeres.
Desde el punto de vista médico, algunos recomiendan el uso del preservativo para reducir el riesgo de contagio.
Sin embargo:
El preservativo no elimina totalmente el riesgo de transmisión de una enfermedad venérea (solo lo reduce parcialmente).
Moralmente, el uso del preservativo sigue siendo problemático si su intención principal es impedir la procreación, aunque el motivo sea evitar una enfermedad.
- ¿Y si el uso del preservativo es para evitar el contagio, no para evitar la procreación?
Algunos teólogos morales han discutido si sería lícito su uso no como anticonceptivo, sino como medio profiláctico, es decir, con la intención de proteger la salud, no de evitar hijos.
Sin embargo, la postura oficial de la Iglesia no ha aprobado este uso dentro del acto conyugal, porque el uso del preservativo sigue introduciendo una barrera artificial y vicia la integridad del acto conyugal, incluso si la intención es evitar el contagio (cf. Pontificio Consejo para la Familia, 1997).
- Entonces, ¿qué se debe hacer en esta situación?
La respuesta más conforme con la moral católica es:
Vivir la abstinencia conyugal temporal, mientras el tratamiento reduce el riesgo de contagio (en este caso, los seis meses mencionados).
Este camino, aunque difícil, puede vivirse con amor, respeto mutuo, oración y crecimiento espiritual en el matrimonio.
- ¿Cometen pecado si usan el preservativo en este caso?
Sí, si se usa con la plena conciencia de que contradice el significado del acto conyugal, aunque sea con buena intención (evitar una enfermedad).
No obstante, la culpabilidad subjetiva puede verse atenuada si no hay pleno conocimiento, o si la pareja está confundida o mal orientada.
En todo caso, lo más sabio es consultar con un buen sacerdote o director espiritual, para discernir la conciencia en profundidad y acompañar pastoralmente.
- Conclusión
Desde la enseñanza moral de la Iglesia:
No es lícito usar el preservativo en el matrimonio, aunque sea para evitar contagio, porque se altera el significado moral del acto conyugal.
La opción moralmente correcta es la abstinencia temporal, vivida como expresión de amor, respeto y cuidado por la salud del otro, mientras se espera que desaparezca el riesgo de contagio.
Hasta la semana que viene, si Dios quiere.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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