Así me decía un joven en el confesionario: “Padre, no soporto a mi familia, dígame por favor qué hago”, entonces yo le pregunté: “¿Cómo es eso de que no soportas a tu familia? ¿Cómo es o qué es lo que hace tu familia para que cause esa reacción en ti?”, entonces él me dijo: “Padre, yo hice hace poco un retiro espiritual y salí de ahí con un gran deseo de ser santo y de alejarme de todas las tentaciones y pecados, de dejar a un lado las actitudes y comportamientos negativos, y de verdad que estoy luchando con eso, pero mi familia no me ayuda nada en este esfuerzo, antes al contrario, parece que se empeñan en que yo no cumpla mi objetivo de ser santo, por eso ya no los soporto”, yo le dije: “Dime ¿Qué cosas hacen o dicen para que te sientas así?”, él me respondió: “Sucede padre que cuando quiero orar mis hermanos ponen la televisión o la música a todo volumen, o cuando quiero estar en silencio mis padres discuten, o cuando en la comida quiero tocar un tema serio de conversación mis hermanos se burlan de mi o cambian la conversación, o cuando salimos en el auto y los invito a rezar me ridiculizan, la verdad es que ya no los soporto”, yo le dije: “Mira, en primer lugar yo creo que si en un retiro que participaste te sentiste invitado a la santidad eso no significa que los demás comprendan o compartan tu aspiración por buena que sea, porque ellos no vivieron tu misma experiencia espiritual, además no puedes imponerle a nadie tu forma de pensar o de ver la vida, si crees que algo de lo que sientes es bueno convéncelos, no te enojes con ellos. Por otra parte es importante que si sientes deseos de santidad no asumas una ‘actitud farisaica’, es decir, no te comportes pensando que tú estas bien y ellos mal, Jesús rechazó esa actitud en el evangelio”, entonces él me interrumpió y me dijo: “Padre, es que parece que cada vez que me empeño en vivir la santidad ellos se oponen”, yo le dije: “Mira, la santidad que Dios te pide practicar en este momento pasa por sobre llevar los defectos y soportar las limitaciones de los miembros de tu familia, si quieres ser santo debes santificarte a través del amor, es decir de la caridad, sobre llevar pacientemente las contradicciones de la vida, perdonar los errores y defectos de quienes te rodean, la santidad no es escaparse de la realidad a un mundo donde no haya quién te moleste o te perturbe, san Pablo decía: ‘Sopórtense mutuamente por amor’, ese es el camino de la verdadera santidad, practicar la caridad con tus semejantes”.

Si en algún momento de nuestra vida sentimos el deseo de ser santos agradezcámosle a Dios por esa santa moción, pero no queramos imponer a los demás nuestro deseo por bueno que sea, porque puede ser que para los demás no sea tan evidente. Aunque ser santo es una aspiración buena debemos convencer a los demás de eso y no imponerlo por la fuerza. Menos aún debemos asumir una actitud de juicio o condena de los demás porque no comparten nuestro deseo de santidad. Claro que si estamos convencidos que “ser santo” es algo bueno, entonces “hagamos amable la virtud” y no odiosa, porque si tomamos una actitud condenatoria sobre el comportamiento de los demás lo único que vamos a lograr es que quienes no entienden esa santa inspiración terminen odiándola. La virtud se hace amable con el ejemplo, es decir cuando practicamos el bien y ponemos así un buen ejemplo a los demás.

 

Que Dios los bendiga. Dios los bendiga, hasta la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.