Así me dijo un joven que entró una vez en el confesionario. Recuerdo que llegó al confesionario y me dijo: “Padre, creo en Dios y lo amo mucho, pero no comprendo por qué sufre un pequeño, por qué sufre un inocente”, yo le dije: “¿Por qué me dices eso? ¿Hay alguien cercano a ti que esté sufriendo en este momento?”, entonces él me dijo: “Sí padre, mi hermano menor está gravemente enfermo de cáncer y está sufriendo mucho, (en ese momento se le llenaron de lágrimas sus ojos y entre sollozos me dijo) es apenas un adolescente, ha sido un buen hijo, obediente y respetuoso de mis papás y buen hermano, nunca le hizo mal a nadie, entonces no entiendo por qué se enfermó de una enfermedad tan grave como esa y menos entiendo por qué sufre tanto”, yo traté de consolarlo y le dije: “Mira, le enfermedad que tu hermano tiene no es debido a sus acciones, en ese caso solo se enfermarían los malvados, pero no funcionan así las cosas, las enfermedades se deben a tantos factores, incluso genéticos o de otro tipo que nosotros no conocemos, pero finalmente las personas enferman porque la enfermedad es parte esencial de nuestro ser finito y limitado, es una manifestación de la caducidad de nuestra existencia, yo sé que esta respuesta no es suficiente y menos para ti que sientes tanta impotencia y frustración al ver sufrir a tu hermano a causa de su enfermedad, pero lo que puedo decirte es que nosotros no tenemos las respuestas a todas las preguntas, y esta es una de ellas. Nos preguntamos ¿Por qué sufren los niños? ¿Por qué sufren los inocentes? ¿Por qué se enferma un pequeño? ¿Por qué mejor no se enferma un malvado que roba, secuestra o asesina? Tenemos muchas preguntas similares a estas para las que no tenemos una respuesta, lo único que te puedo decir es que Dios no es indiferente al sufrimiento humano, Dios es un padre que ama a cada uno de sus hijos”, entonces él me interrumpió abruptamente y me dijo: “Padre, pero si Dios es un padre que nos ama y Dios todo lo puede ¿Por qué no cura a mi hermano como se lo hemos pedido con tanta insistencia mi familia y yo? ¿Por qué parece que Dios es insensible a nuestras oraciones? ¿Por qué mi hermano no mejora? ¿Dónde está Dios cuando lo invocamos para que nos ayude?”, entonces yo, entendiendo lo delicado de la situación por la que atravesaba aquel joven, con mucha prudencia le dije: “Mira, comprendo tu inquietud y tu angustia, sé que te costara entender lo que te voy a decir, pero aun así te lo diré, Dios a veces parece que no nos escucha, parece que no nos oye, porque no vemos que se realice lo que le pedimos, pero debo decirte que Dios habla también en el silencio, a veces el dolor de una persona es el altavoz que usa Dios para despertarnos de nuestra sordera. Para que nos demos cuenta de que hay otra vida después de esta que está esperándonos. Dios no es una persona que tenga el corazón de piedra, al contrario, él tiene un corazón que también sufre, y sufre con tu hermano y por tu hermano y sufre con tu familia y por tu familia, y sufre contigo y sufre por ti. No es indiferente a su dolor. Dios sufre con ustedes, está a su lado. Muchas veces sentamos a Dios en el banquillo de los acusados y le preguntamos llenos de coraje o de ira el porqué del dolor y de la muerte, como si él jamás hubiera sufrido. Mira la cruz y dime, ¿todavía crees que él no te entiende después de todo lo que sufrió?” Entonces él me abrazó llorando mientras me decía: “Padre, perdóneme, no sé lo que digo, creo en Dios y lo amo, aunque no entiendo su forma de actuar”, entonces yo le dije: “No te preocupes, Dios comprende tu desesperada situación y entiende tu incomprensión, pero no juzgues a Dios, trata de entender su proceder”.

Amigos, qué importante es tratar de comprender a Dios, entender su actuar en el mundo y en la vida de los hombres, porque a veces somos muy injustos en juzgar a Dios como un ser insensible a quien no le importan nuestros sufrimientos y enfermedades, pero cómo nos equivocamos, porque el Dios que nos ha revelado Jesucristo es un Padre amoroso, para quien todos sus hijos somos importantes, y cuando nos sentimos más frágiles o débiles es cuando más amados somos por Dios, no nos quede la menor duda, como una madre que ama a todos sus hijos, pero cuando uno enferma o está débil a ese hijo lo quiere más, porque es el que más necesita de su amor para afrontar las pruebas que le depara la vida.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana. Pbro. Eduardo Michel Flores.