Hace un tiempo vino al confesionario una señora joven y al entrar me preguntó: “Padre, ¿Me puede confesar, aunque yo no pueda comulgar?”, yo le dije: Pero “¿Por qué me pregunta eso? ¿Por qué dice que no puede comulgar?”, entonces ella me dijo: “Es que yo vivo con un hombre, pero no estamos casados”, yo le pregunté: “¿Por qué no están casados? ¿Tienen alguna dificultad para hacerlo?”, ella me contestó: “Padre, no podemos casarnos porque yo soy viuda, pero él está separado de una unión anterior, se casó por la Iglesia y se separó, por eso no podemos casarnos”, yo le dije: “Pues si estas son sus circunstancias seguramente usted sabe que mientras no regularicen su situación no pueden acercarse a los sacramentos”, ella me respondió: “Padre, yo sé que no me puedo acercar a la comunión, pero solo quiero confesarme, aunque no pueda comulgar”, entonces yo le dije: “Mire, si no puede acercarse a comulgar, tampoco puede acercarse a confesar, porque estos sacramentos están íntimamente unidos, de tal forma que uno prepara para el otro”, ella me replicó: “Pero yo pensaba que sí me podía confesar, aunque no pudiera comulgar”, entonces yo le dije: “Es una equivocación pensar que una persona que no puede comulgar se puede confesar, porque estos sacramentos están íntimamente ligados, de tal forma que no se puede recibir el sacramento de la confesión, si no se puede recibir el sacramento de la comunión, los dos sacramentos están unidos y no puede recibirse uno sin el otro”, entonces ella me dijo: “Pues yo conozco un caso en que una persona no puede comulgar, pero aun así la confiesan”, entonces yo le dije: “A ver platíqueme ese caso, por favor”, ella me dijo: “El caso al que me refiero es el de un sobrino mío, que es un niño que se está preparando para la primera comunión, un sacerdote les dijo a sus papás que podía acercarse a la confesión, aunque no pudiera comulgar”, entonces yo le dije: “El caso que usted me plantea es diferente al suyo, porque el niño no vive una situación irregular, pero al escucharlo, y pedirle que se arrepienta se va habituando al sacramento de la confesión; el contexto es diferente. Si un niño se acerca a confesar, aunque no haya hecho la primera comunión y la va a hacer pronto puede estar recibiendo el sacramento de la confesión, aunque no pueda aún comulgar, para que se habitúe a confesarse”.

La confesión de los pecados lleva a la conversión y si una persona no está dispuesta a romper con la situación de pecado no puede recibir la absolución. El niño que se prepara para la primera comunión no vive en una situación de pecado, sin embargo, al escucharlo y pedirle que se arrepienta se va habituando al sacramento de la reconciliación, la situación es por tanto diferente. En el caso de una persona que vive en unión libre u otra situación irregular y no quiere cambiar su vida, no puede recibir la absolución, porque no manifiesta deseo de abandonar la situación en que vive y que le impide la comunión, puede ser escuchada en dirección espiritual, para que reciba consejo y para que pueda iluminar su situación para que salga pronto de ella y pueda recibir los sacramentos. En tal caso no se puede decir: “El sacerdote no le quiso dar la absolución” o “no la quiso confesar”, porque no es el sacerdote el que niega la absolución o el sacramento, sino que la persona no es apta para recibirlos.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.