En una ocasión entró una señora al confesionario, al terminar su confesión me dijo entre lágrimas: “Padre, les he dado todo a mis hijos ¿Por qué no corresponden?”, yo le dije: “¿Qué significa cuando dice que ‘les ha dado todo a sus hijos’?”, ella me decía: “Padre, tengo dos hijos, ya son adultos, cada uno vive con su pareja, sin casarse, yo viví una infancia con muchas carencias, por eso desde pequeños les he dado todo, les he pagado los mejores colegios, les he cumplido todos sus gustos y caprichos, les he comprado ropa cara, en fin, les he conseguido todo lo que me han pedido, les he provisto de todo lo que necesitaban y ahora que son adultos no corresponden a lo que se espera de ellos, uno de mis hijos es adicto al juego y pierde seguido mucho dinero y el otro consume drogas e ingiere alcohol con mucha frecuencia”, yo le pregunté: “¿Qué hace usted cada que sus hijos tienen un problema? ¿Los deja resolverlo a ellos?”, y me respondió: “Padre, si le he de ser franca debo decirle que cada vez que tienen problemas mis hijos yo intervengo para resolverlos, porque me da mucha preocupación dejarlos solos, además ellos siempre que tienen un problema me buscan para que yo intervenga”. Le dije: “Entonces, discúlpeme que se lo diga, no se queje, porque usted misma está propiciando que sus hijos sean unos irresponsables, que no saben asumir sus deberes en la vida. Si usted les resuelve los problemas ¿Cómo quiere que se porten como adultos cuando usted los trata como niños?”, ella me dijo con vergüenza: “Padre, es que yo nunca tuve un papá o una mamá que me ayudaran a salir adelante en la vida, sobre todo cuando tuve problemas, por eso siento ese impulso, que no puedo controlar, de intervenir en las vidas de mis hijos para ayudarlos siempre que lo necesitan, llego a creer que si yo no intervengo ellos no podrán salir adelante”, yo le dije: “Se equivoca rotundamente, porque si cada vez que sus hijos tienen problemas usted interviene y se los resuelve está haciendo de ellos unos ‘buenos para nada’, ‘dependientes y sobreprotegidos’, de tal manera que nunca podrán enfrentar los problemas de la vida, porque siempre acudirán a usted para que usted se los resuelva”, entonces ella me dijo entre lágrimas: “Padre, todo lo que he hecho, lo he hecho por amor, nunca he querido dañar a mis hijos”, yo le respondí: “Nadie pone en duda su amor por sus hijos, pero a veces un amor mal entendido nos lleva a hacer daño en vez de hacer el bien, como en este caso, por un amor malentendido usted ha sobreprotegido a sus hijos y no los ha dejado crecer y madurar para saber enfrentar los retos de la vida, y eso les causa un daño terrible a sus hijos, aunque ni usted ni ellos lo adviertan”, ella me dijo: “Y lo peor es que no me lo agradecen, al contrario, me exigen cada vez más, que yo pague sus deudas de juego, que yo asuma sus insolvencias, que yo pague sus tarjetas de crédito, etc. y eso me da mucha tristeza y me pregunto ¿Por qué si les he dado todo me tratan tan mal, me reclaman y me culpan hasta de sus traumas personales, de sus pleitos de pareja o de sus problemas económicos?”, yo le dije: “Es normal, usted les ha dado a sus hijos muchas cosas sin que ellos se esforzaran y ellos han creído que se lo merecían, es más, seguro que hasta han llegado a pensar que es un derecho que tienen, que se les dé todo y cada vez más, es que hijos educados así, con la idea de solo recibir y no de dar nada, creen que tienen derecho a recibir todo de sus padres y a que ellos les resuelvan los problemas de la vida, desde los más insignificantes como ir a llevarlos y traerlos para que no se molesten en tomar un autobús o un taxi hasta los más graves como pagarles sus deudas con el banco o con terceros”.

Amigos, qué dañina y perjudicial resulta la sobreprotección de los padres para con sus hijos, por un amor mal entendido no los dejan asumir su responsabilidad en la vida y les hacen ser siempre dependientes de ellos, sin darse cuenta del daño que les causan. Y lo peor es que los padres sobreprotectores no se dan cuenta de que lo son y esperan de sus hijos correspondencia, pero no la encontrarán, porque por su amor mal entendido los han echado a perder. Padres de familia, reaccionen antes de que sea tarde, dejen que sus hijos enfrenten sus problemas y los resuelvan, dejen que se equivoquen, dejen que pasen molestias e incomodidades, eso les ayudará valorar mejor las cosas buenas de la vida cuando lleguen. Si de veras los quieren no los sobreprotejan, porque terminarán dañándoles grave e irreversiblemente.

Dios los bendiga, y nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores