Hace un tiempo vino al confesionario una señora joven y en su confesión me decía: “Padre, he ido a que me lean las cartas y la mano”, yo le pregunté: Pero “¿Por qué ha recurrido a eso? ¿Qué la orilló a acudir a esas prácticas?”, entonces me dijo: “Es que vivo con mucha zozobra sobre mi futuro y no sé qué va a pasar en mi vida y eso me preocupa mucho, por eso acudí a una persona para que me leyera las cartas y la mano”, yo le dije: “Parte fundamental de la vida cristiana es ponernos confiadamente en las manos de Dios, es decir, confiar en su Providencia, si vivimos con zozobra sobre el futuro tal vez es porque nos hace falta confiar más en Dios”. A este respecto conviene recordar lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “…La actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto…” (cfr. 2115). Además le dije: “Y ¿no se le ha ocurrido pensar que si Dios no le concede conocer su futuro es tal vez porque no sea lo que más le conviene? ¿Qué es lo que le preocupa? ¿Por qué tanto interés en conocer su porvenir?”, entonces me respondió: “Padre, es que quiero saber si me va a ir bien en el nuevo trabajo que tengo, sino para cambiarme a otro; también quiero saber si voy a encontrar pronto un novio que me convenga, sino para comprometerme con el que tengo; y deseo saber si no tendré alguna enfermedad grave en pocos años, sino para cuidarme”, yo le respondí: “Pues es un pecado contra el Primer Mandamiento ‘Amarás a Dios sobre todas las cosas’ querer afanosamente conocer qué nos depara el porvenir’ ‘Dios se da a conocer recordando su acción todopoderosa, bondadosa y liberadora en la historia de aquel a quien se dirige… La primera llamada y la justa exigencia de Dios consiste en que el hombre lo acoja y lo adore’ (cfr. CIC 2084)”, ella me dijo: “Padre ¿y leer los horóscopos o acudir a otras forma de adivinación también es pecado?”, yo le respondí: “Efectivamente, el Catecismo de la Iglesia ha hablado claramente sobre este asunto: ‘Todas las formas de adivinación deben rechazarse… La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘mediums’ encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios” (cfr. CIC 2116), me respondió: “Padre, le agradezco mucho que me haya orientado, me encontraba confundida, me alejaré de esas prácticas que Dios reprueba”, yo le dije: “Pida a Dios le fortalezca con su gracia y usted no deje de esforzarse por no caer en tentación”. Entonces me dijo: “Padre, con la ayuda de Dios así lo haré, muchas gracias”.

Amigos, cuánta ignorancia de Dios demuestran quienes prefieren acudir a un adivino para conocer su porvenir que ponerse confiadamente en las manos de Dios, nuestro Padre. Quien confía en el Señor no debe temer el futuro, al contrario, debe ponerse en sus manos, sabiendo que estando en las manos de nuestro Padre Dios estamos en buenas manos, porque en mejores manos no podemos estar, porque él nos ama y nos cuida con amor de Padre. Confiemos más en Dios, él no nos fallará.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Padre Eduardo Michel Flores