En cierta ocasión, vino un señor mayor a confesarse, se confesó de diferentes faltas, y al final de su confesión me dijo un pecado grave y luego añadió: “Padre he cometido tantas veces este pecado que yo creo que ya ni es pecado”, a lo que yo le respondí: “Mire, los pecados que cometemos, aun cuando sean repetitivos, no por eso dejan de ser pecado, es decir, lo que es malo no se vuelve bueno a fuerza de repetición, al contrario, un pecado que se comete repetidamente se vuelve más grave en la medida en que nos acostumbramos a él, precisamente por ser un pecado recurrente, y nos acostumbramos a él cuando ya no luchamos por superarlo, porque nos hemos habituado a vivir en esa situación”, entonces él me dijo: “Padre, es que con este pecado vengo arrastrando desde hace mucho tiempo, y yo creía que como se me hacía tan difícil de superar pues ya ni era pecado, es más, hasta ha habido veces que ya mejor ni decía este pecado en mi confesión, porque pensaba que por ser tan repetitivo ya ni era pecado”, yo le dije: “Mire, a veces la ignorancia o a veces la acción del enemigo nos puede hacer creer que un pecado repetitivo en nuestra vida es mejor ya no confesarlo, porque tal vez con la costumbre ha dejado de ser pecado o al menos ha dejado de ser grave, pero eso no es cierto, un pecado siempre será pecado, es decir, no es que una acción hoy sea pecado y mañana ya no lo sea, porque lo que hoy es malo no dejará de serlo mañana, ni siquiera porque ese pecado se vuelva habitual en la vida de una persona”, entonces él me dijo: “Entiendo padre, le agradezco que me aclarara esta cuestión. Ahora quiero comentarle otra inquietud, a veces me he sentido tentado a no confesarme de este pecado repetitivo, es decir, de no decirlo cuando me confieso, porque pienso que enfado a los sacerdotes confesándome de lo mismo”, yo le respondí: “Mire, una táctica de Satanás es hacernos pensar que enfadamos a los sacerdotes confesándonos de los mismos pecados y por eso llegamos a aplazar, a veces indefinidamente, nuestra confesión, pero eso es un error. Claro que los sacerdotes deseamos que las personas que se confiesan se conviertan y dejen de cometer pecados, porque el pecado nos aleja de Dios, pero somos conscientes de la fragilidad humana y de que ordinariamente la misma persona se confesará de los mismos pecados debido a su condición pecadora y a que generalmente cometemos los mismos pecados, así que siempre estamos dispuestos a escuchar su confesión y no nos molesta confesar a una persona aunque se confiese de los mismos pecados”, entonces él me dijo: “Qué bueno que me lo dice padre, porque así me acercaré con toda confianza a confesarme cada vez que lo necesite”, yo le dije: “Me alegra haber podido aclarar sus inquietudes”.

No nos habituemos a vivir en el pecado, el pecado daña o rompe nuestra relación con Dios, por eso lo que es pecado en una época no dejará de serlo con el paso del tiempo, no nos engañemos, el que un pecado se haga habitual o repetitivo no lo hace menos grave, ni mucho menos lo desaparece. Reconozcamos humildemente nuestras faltas en el Sacramento de la Reconciliación para que podamos recibir el perdón y la gracia divina y experimentar la misericordia de Dios.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.