Así me preguntaba en cierta ocasión un adolescente de unos 13 años que se acercó al confesionario. Me decía: “Padre, mis papás están divorciados, y yo vivo con mi mamá, pero le quiero preguntar si ¿hago mal por querer a mi papá?”, entonces yo le pregunté: “Pero ¿qué pregunta es esa? ¿Cómo vas a hacer mal por querer a tu papá? ¿Quién te ha dicho semejante cosa?”, él me respondió: “Mi mamá me dice que yo no debo querer a mi papá, porqué él nos abandonó y no le da dinero a mi mamá para los gastos que tenemos”, yo le dije: “Mira, nadie te puede forzar a querer o a no querer a una persona, eso es algo espontáneo y libre que una persona siente hacia las personas que le quieren”, luego le pregunté: “Y ¿hace cuánto tiempo que se fue tú papá?”, me respondió: “Hace tres años”, yo le pregunté: “Y ¿cada cuándo lo ves?”, me dijo: “Cada semana él viene por mí y me lleva a pasear y luego a comer”, luego añadió: “Padre, yo quiero mucho a mi papá, me hace falta, es verdad que se portó mal con mi mamá”, yo le pregunté: “¿Cómo que se portó mal? ¿Qué le hizo?”, entonces me dijo: “Mi papá le pegaba a mi mamá y la hacía sufrir mucho”, yo lo cuestioné: “¿Tú lo viste? ¿Los viste pelear alguna vez o a tu papá hacerle eso a tu mamá?”, él respondió: “Muchas veces, recuerdo que mi papá le gritaba mucho a mi mamá y algunas veces le pegaba y la hacía llorar, por eso mi mamá pensó en divorciarse”, entonces le dije: “Es muy triste que tu papá le haya hecho eso a tu mamá, tú no debes juzgar ni a tu papá ni a tu mamá por sus errores, ya Dios los juzgará, lo que debes hacer es pedir por ellos y ayudarle a reconocer a tu papá los errores que cometió y a comprender a tu mamá que a pesar de lo que haya pasado tú también necesitas a tu papá”, él me dijo entonces: “Pero es que mi mamá me dice que ella se siente muy mal cuando yo voy a ver a mi papá cada semana, porque cada vez que salgo con él me lleva a restaurantes y me compra cosas y ella me dice que se siente humillada cuando me ve llegar con cosas que mi papá me compra, porque ella no me las puede comprar”, le dije yo: “Trata de comprender a tu mamá, ponte en su lugar, así no te resultará tan extraño lo que te dice”, él me dijo: “¿Entonces no hago mal por querer a mi papá?, le respondí: “Claro que no, al contrario, estás actuando como un niño normal, que necesita a su papá y a su mamá, por eso Dios te dio un papá y una mamá, porque los necesitas a ambos”.
Qué dolor tan grande causa en los hijos la separación de los padres, si pensaran más en ellos y menos en sí mismos quizá los padres de familia recapacitarían y se detendrían de hacer lo que lastima a sus hijos. Qué confusión produce en un niño que sus propios padres le digan que no debe querer a quien por naturaleza está orientado a querer, está claro que es triste enterarse de que un esposo golpee a su esposa, y también es muy lamentable la separación de un matrimonio, pero más deplorable aún es que los hijos sean utilizados por sus propios padres para atacarse y descalificarse mutuamente, se convierten en rehenes de uno o de otro, o peor aún, de ambos, eso no debe ser, eso no está bien, los hijos deben ser protegidos por sus seres queridos. Si por una razón grave los padres ya ven insostenible su vida en común deben actuar para salvaguardar el bien de los hijos, la separación nunca es deseable, es un mal necesario cuando delante de Dios no encuentran otra solución, pero que quede claro, si están casados por la Iglesia no pueden divorciarse, sólo separarse, porque siguen casados hasta que la muerte los separe.
Que Dios les acompañe a lo largo de esta semana. Nos leemos pronto.

Padre Eduardo Michel Flores