Hace algún tiempo entró en el confesionario una señorajoven y antes de empezar su confesión me preguntó: “Padre ¿estoy obligada a cumplir la última voluntad de mi hermana, aunque contradiga lo que manda la Iglesia?”, yo le respondí: “Antes de responder a su pregunta quisiera saber ¿Cuál fue la última voluntad de su hermana?”, ella me contestó: “Antes de morir mi hermana dejó por escritosu última voluntad, quería que su cuerpo fuera cremado y sus cenizas fueran arrojadas al mar, sin embargo, según entiendo, eso es contrario a lo que manda la Iglesia, pero por otra parte está la cuestión de que era su última voluntad, y algunos familiares y amigos me han dicho que la última voluntad de una persona es sagrada y debe cumplirse tal como fue expresada, entonces yo me encuentro en un dilema, porque por un lado quiero cumplir los últimos deseos de mi hermana, pero por otro lado no quiero actuar en contra de lo que manda la Iglesia, por eso quise venir a preguntarle”, yo le respondí: “Ciertamente cumplir la última voluntad de un difunto es un deber, por ser su último deseo y debe ser honrado por sus deudos, pero con una salvedad, es decir, la última voluntad de un difunto debe cumplirse siempre y cuando lo que pidió el difunto no sea contrario a la fe, a la moral, a las buenas costumbres, a la enseñanza y tradición de la Iglesia. En este caso, la última voluntad de su hermana contraviene lo que la Iglesia ha dispuesto sobre los difuntos y sus cenizas. Recientemente la Iglesia publicó un documento en el que da normas muy concretas que todo cristiano debe tener en cuenta para la sepultura y respeto de los restos de sus difuntos. En este documento la Iglesia responde a inquietudes y dudas que muchas personas se plantean sobre la incineración, la conservación, el destino y el depósito de las cenizas de los difuntos. La Iglesia no se opone a la cremación, aunque recomienda continuar la práctica de enterrar el cuerpo de los difuntos. Una vez realizada la cremación la cuestión es ¿qué hacer con las cenizas? La Iglesia dispone depositarlas en un lugar adecuado para la conservación de los restos de un difunto, que puede ser una iglesia o un panteón o cementerio. La Iglesia prohíbe tener las cenizas en casa, repartírselasentre los familiares, esparcirlas en el mar, o hacer algún artículo de joyería para traerlas consigo. Respondiendo a su pregunta de si debe cumplir la última voluntad de su hermana que pidió ser cremada y que se esparcieran sus cenizas en el mar’, la respuesta es no. Nadie está obligado a cumplir esa última voluntad. Porque en la ‘última voluntad’ de un difunto, se debe ver lo que es convenientehacer y lo que no, y hacer lo que sea benéfico para los restos del difunto y para la familia. Porque la persona, auncuando haya muerto, merece respeto y trato digno a sus restos. Si el difunto –creyente o no creyente– pidió algo en lo que no estamos de acuerdo y además contradice la Doctrina de la Iglesia, no se debe hacer”, entonces ella me dijo: “Padre, le agradezco mucho su explicación, me quita un peso de encima, porque por un lado sentía el deber de cumplir los deseos de mi hermana, pero por otro lado no quería ir contra lo que dice la Iglesia”.

Qué importante es saber lo que como creyentes en conciencia nos obliga y lo que no, respecto a la ultima voluntad de un difunto, a veces por ignorancia creemos que es casi sagrada la última voluntad de un difunto,incluso aunque vaya en contra de nuestra conciencia o contradiga la enseñanza de la Iglesia, pero nadie estáobligado a actuar contra su conciencia o contra lo que nuestra madre la Iglesia dice. El poco aprecio que muchos católicos tienen a las disposiciones de la Iglesia los lleva a sentir que la Iglesia manda en lo que solo ellos deberían decidir, pero si amamos a la Iglesia, como nuestra madre, entenderemos que todo lo que dispone es para nuestro bien.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.