En cierta ocasión se acercó al confesionario una señora joven y en su confesión me decía: “Padre, ¿es verdad que es un sacrilegio comulgar en la mano?”, yo le pregunté: “¿Por qué me pregunta eso? ¿Dónde lo escuchó?”, ella me dijo: “Padre, he recibido mensajes de texto, de audio y de video en mi teléfono, de laicos y especialmente de algunos sacerdotes que preocupados por la santidad del sacramento de la eucaristía descalifican la práctica de recibir la comunión en la mano por considerarla irrespetuosa y sacrílega, y como los pastores de la Iglesia han dispuesto que esa sea la forma ordinaria de recibir la comunión en este tiempo de pandemia entonces estoy confundida”, entonces yo le dije: “Mire, en este tiempo de pandemia la Iglesia ha dispuesto que las personas reciban la comunión en la mano por una cuestión de higiene y por evitar el contagio del virus, no es pues una decisión que esté basada en un capricho personal o en un desprecio al Santísimo Sacramento, es verdad que la recepción de la comunión en la boca ha sido la forma ordinaria de recibir el cuerpo de Cristo desde hace siglos en la mayoría de países católicos del mundo, sin embargo, la disposición de recibir la comunión en la mano por causa justa no pone en duda la presencia real de Cristo en la eucaristía, ni alienta una falta de respeto a este santo sacramento”, ella me dijo: “Padre, pero ¿no es verdad que la Iglesia ha enseñado siempre que Cristo esta presente en el más mínimo fragmento del sacramento de la eucaristía?”, le respondí: “Así es”, entonces ella me dijo: “Pues imagínese usted cuántos fragmentos o partículas del cuerpo de Cristo pueden quedarse en las manos de las personas y cuántos pueden caer al suelo dando pie con ello a sacrilegios terribles, porque los fieles pueden estar pisando esos pequeños fragmentos del cuerpo de Cristo sin saberlo”, entonces yo le dije: “Tiene usted razón, la Iglesia ha enseñado que en el más pequeño fragmento del cuerpo de Cristo está presente Cristo todo completo, pero los sacerdotes y los ministros de la eucaristía tenemos mucho cuidado al distribuir el cuerpo del Señor a los fieles, además de que las hostias hoy en día se confeccionan de tal manera que prácticamente no se desmoronan, ni se desintegran en partículas como antaño era muy común que sucediera. Ahora bien, el criterio fundamental por el que debemos recibir la comunión en la mano es por obediencia a los legítimos pastores del Pueblo de Dios, quienes ejerciendo su deber pastoral para bien de los fieles disponen que esa sea la forma ordinaria de comulgar en este tiempo de pandemia, si obedecemos a los pastores de la Iglesia solo cuando nos complace lo que nos dicen, entonces no estamos observando bien la obediencia, como el Señor quiere, ella me dijo: “Padre, le agradezco su explicación que me ha abierto los ojos para ver mi soberbia y rebeldía a los pastores de la Iglesia”, yo le dije: “Con mucho gusto, estoy para servirle”.

Si no tenemos una profunda espiritualidad cristiana y un estricto apego al evangelio será muy fácil que nos revelemos a las disposiciones de los legítimos pastores del Pueblo de Dios, quienes ejercen su función para el bien de los fieles que se les han encomendado. A veces por soberbia, otras por desconocimiento o por manipulación, podemos caer en creerle más a los renegados de la autoridad que se presentan como defensores de la ortodoxia y de la verdadera fe, que a los pastores legítimamente constituidos por Dios al frente de su rebaño. Confiemos más en los legítimos pastores puestos por Cristo al frente de sus ovejas y no le creamos a los salteadores o bandidos que se presentan como pastores con piel de oveja, pero no son más que lobos en medio del rebaño.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.