Esto me preguntaba una vez una señora que entró en el confesionario, antes de su confesión ella me dijo: “Padre,quiero hacerle una pregunta ¿Es verdad que darle atenciones a mi mascota es pecado?”, yo le respondí: “¿Quién le dijo eso?”, ella me explicó: “Una amiga muy allegada a la  Iglesia me lo dijo”, entonces yo le pregunté: “Pero ¿Por qué le dijo eso? ¿Qué mascota tiene usted? ¿Qué pasó para que su amiga le haya dicho eso?”, ella me respondió: “Padre yo tengo una perrita de mascota, y la quiero mucho y le doy las atenciones que creo que debo darle, pero el otro día mi amiga me dijo que era un pecado lo que estaba haciendo, que me estaba excediendo en atenciones por mi mascota y por eso quise preguntarle a usted”, yo le respondí: “Antes de responderle quisiera que me contara qué tipo de atenciones le da usted a su perrita?”, ella me dijo: “La llevo al peluquero, le compro su carne de primera para que coma, la llevo a que la bañen y la peinen a una estética canina y a que le hagan la pedicura, le compro ropa y juguetes, etc. yo creo que le doy las atenciones normales que se le deben dar a una mascota que es casi como un miembro de la familia, pero aun así mi amiga me recriminó mi actitud hacia mi perrita y me hizo sentir culpable, por eso quiero saber quién tiene la razón, entonces yo le respondí: “La Iglesia nos enseña que el hombre ha recibido la obra de la creación para custodiarla, para protegerla y cuidarla, eso incluye a los animales, por eso el ser humano debe proteger la naturaleza, cuidarla y custodiarla, empezando por el hombre, que es la obra cumbre de la creación. Los animales están al servicio del hombre y fueron creados para su beneficio, ciertamente que el ser humano debe cuidar de los animales, debe atenderlos y protegerlos, porque ese es un deber que Dios le ha encomendado al ponerle al frente de la obra creadora, y las mascotas entran en este grupo, entonces ella me interrumpió y me dijo: “Por eso le decía yo a mi amiga que yo tengo la razón al cuidar de mi perrita con tanto cariño”, entonces yo le dije: “Disculpe, pero aún no he terminado. Si bien el hombre debe cuidar de los animales como un deber suyo, sin embargo existen exageraciones en esos cuidados que pueden llegar a constituir un pecado, que será más grave cuanto más conciencia se tenga de la gravedad de la falta y aún así se quiera seguir realizándola”, ella me interrumpió de nuevo y me dijo: “Perdóneme Padre, pero no le entendí ¿A qué exageraciones se refiere?”, entonces yo le dije: “Mire, creo que es muy natural que a una mascota se le alimente, se le den ciertos cuidados básicos, porque es un ser vivo que siente hambre o pasa frío, que se puede enfermar, que ocupa compañía en algún momento; y creo que respecto a esto se pueden dar dos actitudes opuestas igualmente reprobables, la primera es la de quienes maltratan a los animales, por ejemplo los encierran en una azotea o en un patio sin un techo dónde protegerse de la lluvia, el sol o el frío, los amarran, los golpean, los tienen hambreados u olvidados, nos los llevan al veterinario si enferman u ocupan vacunas, etc. esa actitud es reprobable, porque habla muy mal del ser humano que así se comporta, habla de su carencia de valores, si no tiene compasión ni sentimientos de empatía con un animalito que sufre menos los tendrá con una persona, alguien que así se comporta con los animales comete una falta contra un ser vivo. Pero, la segunda actitud no es menos reprobable que esta, es la de aquellas personas que equiparan a un animal con una persona y la tratan con tantas atenciones y cuidados que cometen una falta por exceso en los cuidados, es decir, son capaces de gastar una buena suma de dinero en comida de primera para su mascota, cuando hay gente que padece hambre y no tiene ni para comer. Se gastan cientos de pesos en salones de belleza caninos donde los bañan peinan y perfuman como si fueran una persona, siendo que con ese dinero se podrían hacer varias obras de caridad. Compran ropa y juguetes para sus mascotas invirtiendo en eso un capital que podría emplearse para ayudar a un migrante o una persona con necesidad. Entiéndase bien que quien tenga una mascota la debe atender, pero cuidado con caer en los excesos, porque eso es lo que constituye una falta, que la gente sea capaz de gastar cientos o miles de pesos en sus mascotas mientras no es capaz de ayudar a gente con hambre o que vive en la miseria, que pasa frío o vive en la calle. Se cae con frecuencia en una exageración de nuestro tiempo, que los conocedores del tema han denominado ‘perrhijos’ y ‘gathijos’, que es tratar a una mascota como si fuera un hijo, por todo lo que se le compra, por las comodidades que se le dan, por el dinero que se invierte en su atención, etc. y eso es una falta grave por gastar tanto en animales y no hacerlo con el prójimo necesitado”, entonces ella me dijo: “Padre, creo que ya entendí, sin darme cuenta he caído en excesos reprobables respecto a mi mascota tratándola como una persona, y he sido insensible a las necesidades de mi prójimo, reconozco mi falta y pido perdón”, yo le respondí: “Dios perdona todos los pecados, ahora la invito a ser más sensible con el prójimo viendo en él la imagen de Dios y ayudarlo en sus necesidades y la exhorto a evitar atenciones exageradas a su mascota”.

Es muy lamentable que la sociedad contemporánea nos vaya haciendo cada vez menos sensibles a las necesidades del prójimo al punto de ignorarlas, mientras que se puede gastar mucho dinero en atender a las mascotas. En las sociedades modernas se ha llegado al extremo de que si un indigente pide limosna en la calle no se le ayuda o se le da de mala gana, pero si trae una mascota en brazos o está echada a su lado, entonces las personas sí se detienen con gusto a socorrerle. Hemos llegado al punto en el que es más importante un animal que un ser humano, y eso habla muy mal de la sociedad de nuestro tiempo, que es capaz, por ejemplo, de defender los huevos de una tortuga, y sin embargo atacar ferozmente la vida del niño que se está formando en el seno de su madre; a ese punto de incoherencia e insensatez hemos llegado. Ojalá que como sociedad rectifiquemos estas torcidas y desatinadas valoraciones, sino terminaremos tarde o temprano por aniquilarnos a nosotros mismos.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.