Un día un señor mayor vino al confesionario y después de confesarse me preguntó: “Padre, ¿es pecado si no voto en las elecciones?”, entonces yo le respondí: “¿Por qué me pregunta eso? ¿Usted tiene pensado hacerlo?”, él me dijo: “Así es padre, estoy muy desilusionado de la política, el mundo de la política es muy deshonesto y sucio, los políticos no me convencen, dicen muchas mentiras, muchas falsedades; reina un ambiente de odio generalizado, fomentado desde las más altas esferas del poder; entre los diversos actores políticos sobran las descalificaciones, pero escasean las propuestas serias y constructivas, muchos prometen mejorar la vida de los ciudadanos, especialmente de los más pobres, pero cuando llegan al poder se olvidan de sus promesas de campaña y solo favorecen a sus amigos o familiares; el ambiente de la política es verdaderamente decepcionante, por eso he pensado muy seriamente en las próximas elecciones no ir a votar por ningún candidato, ni por ningún partido; se lo comenté a mi esposa y me dijo que si no votaba cometía un pecado, yo le dije que no creía que así fuera, pero como no estoy seguro, por eso quise venir a preguntarle”, yo le respondí: “Los Papas han insistido mucho recientemente en que ‘la política es una de las formas más altas de la caridad’, porque la verdadera política es la búsqueda del bien común, y un ‘buen político’ debe buscar el bien común de la sociedad, el mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos”, entonces él me interrumpió y me dijo: “Padre, eso que usted dice que debería ser la política se oye muy bien, o sea, ese es el ideal, pero desgraciadamente el mundo de la política se ha corrompido mucho, vivimos una etapa de decadencia, ya que los políticos en vez de servir a los demás, se sirven de ellos; muchas veces en vez de percibir en los políticos un afán por servir y ayudar a la gente, se les nota mayor preocupación por su imagen, por la aprobación de la opinión pública, la cual a veces terminan comprando o pagando; muchas veces, en vez de ver que los políticos terminen su mandato con los mismos bienes con los que iniciaron su servicio, lo que vemos es que al final de su mandato se enriquecen ‘inexplicablemente’, porque con un salario como el que tuvieron, por exorbitante que sea, no da para explicar las múltiples casas y propiedades que terminan poseyendo, y como siempre los pobres resultan ser los más perjudicados del pecado más grave de la política que es la corrupción; tristemente, en muchas ocasiones, los políticos han visto la política no como una forma de servir y ayudar a los ciudadanos, sino como una forma de enriquecimiento, como un negocio, al que le invierten cuando andan en campaña, pero del que esperan obtener mucho más si llegan a ganar”, entonces yo le dije: “Me doy cuenta que usted tiene una larga vida y ha visto de todo en los años que ha vivido, esa es su experiencia y es irrefutable, sin embargo, debo recordarle que ‘la Iglesia aprecia a la democracia, en la medida en que ésta asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica’, y una auténtica democracia se nutre de la participación activa de los ciudadanos, es decir, es un deber de los ciudadanos votar en las elecciones”, entonces él me dijo: “Padre, pero muchas veces los partidos proponen como candidatos a personas ‘impresentables’, con dudosa vida moral o con acusaciones de haber cometido delitos o haber caído en corrupción, o ve uno que los mismos partidos son negocios o franquicias de familias o de ‘caciques’, que se venden al mejor postor; o ve uno a políticos ‘chapulines’ que brincan de un partido a otro sin ética alguna, sin el más mínimo respeto a un ideario, o a unos principios; por eso le vuelvo a preguntar, si ningún candidato o partido me convence aun así ¿tengo que votar?”, entonces yo le respondí: “Dejar de votar puede ser pecado cuando se cae injustificadamente en el abstencionismo, ya sea por pereza o por apatía, sabiendo que el abstencionismo puede favorecer a los más inmorales, en este sistema imperfecto de gobierno, fundado en una democracia imperfecta, dejar de votar tiende a favorecer a los más inmorales. Si en conciencia no encuentra al candidato ideal, debe votar al menos por quien tenga la mayor posibilidad de hacer el mayor bien posible, pero abstenerse no debería ser una opción, más cuando la participación ciudadana es tan necesaria para el bien del país”, entonces él me dijo: “Padre, le agradezco mucho su explicación, analizaré muy bien las opciones y decidiré cual es la mejor”.

Pecados en política hay muchos: Es pecado vender la conciencia, es decir, votar por un candidato solo por haber recibido una dádiva o un regalo, aunque la persona no sea capaz u honesta. Es pecado vender el voto, o comprar votos, o robar votos. Es pecado presionar el voto con amenazas o imponer el voto a una persona o a un grupo, como a un gremio o a un sindicato. Es pecado votar a favor de candidatos o partidos que apoyen el aborto, la eutanasia, o la legalización de las drogas. Es pecado votar por candidatos o partidos que estén en contra del matrimonio formado por un hombre y una mujer, o por candidatos o partidos que proponen quitar a los padres el derecho a educar a sus hijos. Es pecado votar por quien no respeta la libertad religiosa. Es pecado votar por quien quiere limitar a los ministros de culto poder expresarse con absoluta libertad sobre cualquier tema. Es pecado para un político no trabajar por los demás y trabajar únicamente para sus propios intereses. Es pecado no saber perder, ni aceptar las decisiones de la autoridad electoral, no reconocer la derrota, impugnar los resultados siempre que resultan desfavorables, no colaborar con la autoridad legítima para lograr acuerdos comunes. Tengamos presente que cada uno es dueño absoluto de su voto, y lo que hagamos con nuestro voto es responsabilidad nuestra y que de él daremos cuentas a Dios, el voto es el bien mas preciado que tenemos para decidir en democracia, hagamos buen uso de nuestro voto y evitemos en lo posible el abstencionismo o votar irreflexivamente.

Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.