Hace tiempo una señora vino a confesarse, al comenzar su confesión me preguntó: “Padre, ¿es pecado ser supersticioso?”, yo le respondí: “¿Por qué me pregunta eso?”, entonces ella me dijo: “Es que yo soy muy supersticiosa desde pequeña y quiero saber si eso es pecado”, entonces yo le dije: “¿Exactamente qué tipo de acciones realiza usted que considera supersticiosas?”, entonces ella me dijo: “Mire, por ejemplo, nunca me levanto con el pie izquierdo, porque tengo la idea de que eso me traerá mala suerte en el día; igualmente si se me quiebra un espejo me preocupo mucho, porque dicen que eso trae mala suerte; también si derramo sal me asusto, porque eso provoca mala suerte; asimismo nunca paso por debajo de una escalera, porque eso acarrea mala suerte; también me da mucho temor ver un gato negro, porque dicen que eso atrae la mala suerte; incluso soy muy supersticiosa con la ropa que me pongo, trato de usar el color de ropa según diga mi horóscopo; también creo mucho en eso de cruzar los dedos para que resulte algo que deseo e incluso tengo una herradura en la puerta de mi casa para que no entre la mala suerte; y no salgo de mi casa sino traigo un llavero de pata de conejo en mi bolsa, porque con eso dicen que se atrae la buena suerte; pues estas son algunas de las cosas que practico desde hace tiempo”, entonces yo le pregunté: “¿Y nunca pensó usted que esos actos fueran materia de pecado? ¿nadie se lo había dicho?” ella me respondió: “No padre, nadie me había dicho que estas cosas fueran materia de pecado, yo las hago desde pequeña, como algo que aprendí del ambiente de familia, pero nunca las vi como algo malo, las veía más bien como algo sin importancia, hasta que el otro día una amiga mía, que es muy cercana a la Iglesia, me dijo que la superstición era un pecado y que tenía que confesarme, al principio no lo creí, pero luego me entró la duda, por eso estoy aquí, para que me saque de dudas, por favor”, yo le respondí: “Pues mire, efectivamente la superstición es un pecado que atenta directamente contra el primer mandamiento que dice: ‘Amarás a Dios sobre todas las cosas’, según el Catecismo de la Iglesia este mandamiento manda no tener ‘otros dioses delante de Dios’, por tanto la superstición es un pecado que va contra esta enseñanza porque ‘el primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión’. ‘La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es también caer en la superstición’”, entonces ella me dijo: “Padre le agradezco mucho que me aclarara esto, porque yo me sentía una buena cristiana a pesar de todas mis supersticiones, pero ahora me doy cuenta de mi error y trataré de enmendarme lo antes posible”.

Se cae en la superstición por ignorancia o por miedo. Muchos cristianos viven atados a supersticiones, una buena evangelización acaba con la superstición, porque la firme adhesión a Cristo aleja del error de temer a “fuerzas oscuras” o a la “mala suerte”, el supersticioso ofende a Dios por atribuirle importancia, de algún modo mágica, a ciertas prácticas que realiza, por darles un poder que es distinto e igual o superior a Dios, llámese ‘mala suerte’ o ‘malas vibras’, es un pecado contra Dios y contra la confianza que debemos tener en él como Padre amoroso y providente que es, y será pecado grave si se hace con plena conciencia y entero consentimiento. Se puede caer en superstición en la misma práctica de la fe, cuando se le atribuye eficacia a las solas oraciones o signos sacramentales prescindiendo de las disposiciones interiores, es decir, creyendo que ponerse agua bendita lo librará a uno del mal, aunque no haga nada por alejarse del pecado; o que portar un rosario consigo le librará a uno del mal o del poder del enemigo, pero sin confesarse ni acudir a los sacramentos, ese es un error que se puede evitar conociendo más nuestra fe y estudiando mejor nuestra religión.

Dios los bendiga. Hasta la semana entrante.

Pbro. Eduardo Michel Flores.