Un día entró un hombre joven al confesionario y me dijo: “Padre, ¿es pecado sentir atracción por una mujer que no es mi esposa?”, yo le dije: “¿Por qué me pregunta eso?”, entonces él me dijo: “Lo que sucede es que yo estoy felizmente casado desde hace tres años, sin embargo, experimento una fuerte atracción por otra mujer que no es mi esposa”, entonces yo le pregunté: “La mujer de la que me habla ¿Qué relación tiene con ella? ¿de dónde la conoce?”, él me respondió: “Es una persona con la que trabajo, interactuamos por cuestiones laborales varias veces al día, ha habido buena química entre nosotros, es decir, nos hemos entendido bien, profesionalmente hablando, además de su buen trato debo reconocer que es una mujer atractiva, quizás por eso es que me he sentido atraído por ella, pero quiero decirle que yo nunca me he sobrepasado con ella, ni le he insinuado nada indebido, solo hemos mantenido una relación laboral”, yo le dije: “Usted afirma no haber tenido ningún comportamiento indecoroso con ella, sin embargo, ha acudido hoy aquí para plantear su inquietud ¿Por qué?”, él me respondió: “Padre, primero quiero saber si no estoy cometiendo un pecado por sentirme atraído por esta mujer, y después quiero que me aconseje, porque soy muy feliz en mi matrimonio, pero creo que esta situación podría ponerlo en peligro, por eso quiero que me diga ¿Qué debo hacer?”, yo le respondí: “Mire, lo primero que debe quedar bien claro es que el ser humano por naturaleza se siente atraído hacia el sexo opuesto, lo mismo el hombre que la mujer, y esa atracción del hombre hacia las mujeres y de la mujer hacia los hombres no desaparece con el matrimonio, es decir, no porque el hombre se case con una mujer las demás dejan de serle atractivas, igualmente, no porque la mujer se case con un hombre los demás dejan de serle atractivos. Al contrario, el hombre se siente atraído por las mujeres, aunque ya este casado y la mujer por los hombres, aunque ya haya contraído matrimonio. Así que la simple atracción que un hombre casado experimenta por otras mujeres que no son su esposa de por sí no es pecado, constituiría un pecado si esa atracción natural fuera alentada o motivada con insinuaciones, coqueteos, provocaciones, miradas o actitudes poco convenientes”, él me interrumpió para decirme: “Padre, le puedo asegurar que en nada de eso he caído, pero temo que pudiera caer, por eso quiero que me dé unos consejos”, yo le contesté: “Debe usted estar muy atento para no dejar que la tentación pueda sorprenderlo, practique la vigilancia, mucha oración, una vida espiritual profunda basada en la recepción constante de los sacramentos, confesión y comunión frecuente, y si es posible tener un director espiritual para que acuda frecuentemente a él y le cuente de sus luchas y sus tentaciones, y se deje aconsejar por él”, él me dijo: “Padre, le agradezco mucho, así lo haré”, yo le dije: “Me da gusto haberle podido servir”.

El ser humano siente inclinación a muchas cosas, evidentemente que la sola inclinación no es pecado, claro que hay inclinación natural a cosas buenas, pero también la hay a cosas malas, debido a la concupiscencia, es decir, a la herida que ha dejado en nosotros el pecado original. Por eso debemos estar muy atentos y vigilantes para no alentar las inclinaciones desordenadas o pecaminosas o aquellas que pudieran ser motivo de pecado; con los medios que la Iglesia nos propone para luchar contra el mal como la oración y los sacramentos lo podemos vencer. La gracia divina aunada al esfuerzo del humano lleva al hombre a vencer el mal.

Hasta la próxima semana, si Dios quiere.

Pbro. Eduardo Michel Flores.