Hace poco vino una señora joven al confesionario y me preguntó: “Padre, ¿es pecado falsificar documentos?”, entonces yo le dije: “¿Por qué me pregunta eso? ¿Ha visto de cerca algo así?”, entonces ella me contestó: “Padre, me da mucha vergüenza lo que le voy a platicar. Hace unas semanas mi esposo y yo decidimos bautizar a nuestro primer hijo, así que acudimos a nuestra parroquia para preguntar sobre las respectivas pláticas de preparación para el sacramento y las tomamos. Los padrinos que escogimos para nuestro hijo, como viven en Estados Unidos, no iban a alcanzar a venir con oportunidad para poder hacer ellos también las pláticas para padrinos, así que nos preguntaron cómo podían hacerle, por lo que comenzamos a indagar con conocidos, amigos y parientes cercanos, preguntando si a alguien se le ocurría alguna solución, finalmente una tía de mi esposo nos dijo que nos iba a pasar el dato de una persona que ‘hacía cualquier documento de la Iglesia’ que uno necesitara, solo pagando una cantidad de dinero, yo le dije que eso estaba mal, que eso era un delito, además de un pecado, pero ella me dijo que no, que no era ni una cosa ni la otra, que cuando mucho era una travesura, pero no un delito, menos un pecado; yo por un momento dudé, porque yo pensaba que ‘hacer eso era pecado’, pero luego que vi que todos aceptaron, sin decir nada, esa ‘solución’, ya no estoy tan segura, por eso quise venir a preguntarle ¿Es pecado falsificar documentos?”, yo le respondí: “Efectivamente, usted está en lo cierto, falsificar cualquier documento, además de un delito es un pecado, porque es un engaño, es falsear la verdad sobre una situación sobre la que se quiere saber a través de un documento, y este pecado se vuelve particularmente grave cuando lo que se falsifica son documentos de Iglesia, como comprobantes de pláticas o actas de algún sacramento, así que esa no es una solución viable para resolver un problema como el que usted describe, más bien yo le recomendaría acudir a su parroquia y pedir al párroco que le ayude a encontrar una solución”, ella me dijo: “Muchas gracias padre, eso haré”.

Qué preocupante es que muchas personas tomen a la ligera un asunto tan grave como es la falsificación de documentos, que no es una travesura, como algunos piensan, sino un verdadero delito y un pecado grave. El octavo mandamiento que dice “No levantarás falso testimonio ni mentirás”, prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Entre las ofensas a la verdad que expresan, mediante palabras o acciones, un rechazo a comprometerse con la rectitud moral, está la falsificación de documentos, por eso se considera un pecado mortal, por el engaño que implica. Ya que la Iglesia actúa de buena fe y cree en lo que declaran las personas cuando van a celebrar un sacramento, presentar un documento falso en un trámite de Iglesia es un delito y un pecado grave.

         Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.