En cierta ocasión vino a confesarse un joven, y cuando se confesaba me preguntó: “Padre, ¿dudar de Dios es pecado?”, yo le respondí: “¿Por qué me lo preguntas? ¿Tú has dudado de Dios?”, entonces él me dijo: “Así es padre, yo he tenido dudas de Dios, pero solo momentáneas, no es algo permanente, en ciertos momentos de mi vida me asaltan esas dudas, pero luego se van, por eso quiero saber si eso es pecado”, yo le dije: “Mira, Dios nos ha dado la capacidad de pensar y quien la usa como debe tarde o temprano se preguntará sobre la existencia de Dios, eso es comprensible y normal, porque el ser humano se pregunta a sí mismo acerca de todas las cosas y trata de resolver todos los misterios del universo, se pregunta acerca del origen del mundo, del origen del cosmos, del origen del hombre, por qué pasan las cosas, por qué existe el mal, por qué el dolor, por qué el sufrimiento, por qué hay guerras, por qué suceden las catástrofes naturales, y en esta serie de preguntas el ser humano termina por preguntarse si Dios existe, porque la existencia del mal, el sufrimiento, el dolor y la muerte en el mundo lleva al hombre a cuestionarse seriamente sobre la existencia de Dios, y eso es completamente normal, es comprensible que con tantas inquietudes existenciales nos planteemos esa pregunta, y en ese caso no creo que sea pecado planteársela, así que no debes sentirte en pecado si has llegado a dudar de Dios”, entonces él me dijo: “Le agradezco que me aclare las cosas padre, porque me sentía muy incomodo con mi conciencia por haber dudado de Dios”, yo le dije: “Sin embargo, si llegarse a preguntar sobre la existencia de Dios no es pecado, eso no significa que esté bien que dudemos constantemente de Dios, porque las dudas sobre Dios deben ser atendidas, es decir, deben ser resueltas a la brevedad, por eso lo mejor es que cuando sintamos dudas acerca de Dios tratemos de resolverlas cuanto antes y con la persona adecuada; yo te aconsejo que siempre que sientas dudas sobre Dios vayas con un sacerdote y le plantees tus inquietudes o preguntas para que pueda él ayudarte a resolverlas”, entonces él me dijo: “Le agradezco mucho el consejo padre, eso haré”.

Qué importante es que no cataloguemos como pecado lo que no lo es, cualquier duda o pregunta que legítimamente pueda venir a nuestra mente no puede ser pecado. Por otra parte, lo mejor que podemos hacer es que cuando tengamos dudas de Dios vayamos con un sacerdote para que nos las aclare, porque muchas veces las personas que tienen dudas de Dios acuden a amigos o conocidos ateos o descreídos para que se las resuelvan, pero lo único que logran es que sus dudas se hagan más hondas y profundas, por eso acudamos oportunamente a quien pueda ayudarnos y no confundirnos.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.