En cierta ocasión se acercó al confesionario una señora ya mayor y en su confesión me decía: “Padre, aunque recibo la absolución no comulgo, porque apenas salgo del confesionario se me cruza algún pensamiento y me siento indigna de comulgar, porque le tengo mucho miedo a Dios”, yo le pregunté: “Pero ¿Por qué? Si Dios es bueno”, entonces me dijo: “En mi casa me enseñaron desde pequeña a portarme bien, porque si no Dios me castigaba, eso me hizo crecer con mucho miedo a Dios”, yo le dije: “Pero Dios es un Padre bueno, santo y misericordioso y Jesús, su Hijo, nos habló de Dios como de un Padre tierno y amoroso, sólo debemos pensar en la ‘Parábola del hijo pródigo’, además cuando el sacerdote le perdona sus pecados en realidad no es él quien se los perdona, sino el mismo Cristo, así que cuando usted sale del confesionario, recién recibida la absolución, es como si acabara de estrenar su alma, queda limpia de cualquier mancha o pecado”, entonces me respondió: “Padre, todo eso lo sé, lo he escuchado muchas veces, pero tengo un miedo, bien arraigado en mi interior, hacia Dios y no sé cómo arrancármelo”, yo le respondí: “Pues es necesario quitárselo”, ella me dijo: “Pero ¿cómo le hago? ¿Qué tengo qué hacer para que ese miedo se vaya?”, entonces le respondí: “Debe usted tratar de experimentar a un Dios amor, a un Dios perdonador, a un Dios que le ama, que no la quiere condenar sino salvar, un Dios que no busca castigarla, sino perdonarla”, me respondió: “Y ¿cómo puedo tener esa experiencia?”, yo le respondí: “Un camino seguro es la oración, platique con el Señor y pídale que le ayude a sentir su amor como el abrazo de una madre, pídale que le ayude a sentirse como un niño en brazos de su padre; otro camino seguro es la vivencia de los sacramentos, porque a través de ellos usted debe experimentar cerca la salvación de Dios, por ejemplo en la confesión usted debe experimentar a un Dios rico en misericordia, a un Dios clemente, un Dios que siempre está dispuesto a perdonar; en la comunión debe sentir la cercanía de un Dios que se hizo pan para entrar en nosotros y quedarse en nuestro corazón”, ella me respondió: “Padre, agradezco mucho sus palabras, me han reconfortado, trataré de seguir sus indicaciones”, yo le dije: “La gracia de Dios no le faltará en este esfuerzo y usted no deje de buscar a Dios”. Entonces me dijo: “Padre, así lo haré, muchas gracias”.

Amigos, qué lamentable es saber que hay cristianos que le tienen miedo a Dios, que no lo experimentan como un padre amoroso, y más lamentable aún es saber que hay cristianos que se confiesan y aunque reciban válidamente la absolución no comulgan porque sienten que son indignos de recibir al Señor, yo pregunto ¿quién es digno de recibir al Señor? ¿Quién es digno de recibir al que es el todo santo? Nadie, pero nos hacemos dignos a través de una buena confesión y así nos preparamos a recibir dignamente la comunión. Hay personas muy escrupulosas que en todo ven pecado, incluso donde no lo hay, y esa actitud es muy dañina y perjudicial, porque les impide acercarse a la fuente de la gracia, que es Cristo mismo que se nos da en los sacramentos. No dejemos que el demonio nos robe la paz del corazón, no dejemos que siembre dudas e inquietud en nuestro corazón, Dios nos ama siempre y nos perdona siempre, porque es un Padre lleno de amor.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Padre Eduardo Michel Flores
Confidencias del Confesionario