Con esta pregunta comenzó una señora su diálogo conmigo en el confesionario. Me decía: “Tengo una vida desastrosa, mi marido murió hace tiempo y me dejó más o menos solvente económicamente hablando, pero mis hijos son un desastre, el mayor vive conmigo desde que se separó de su esposa, tengo otros dos hijos con problemas fuertes en su matrimonio y en su vida personal, el caso es que todo se ve como un desastre”, entonces ella decía: “Yo en mi desesperación, y como una forma de distracción me voy diario al casino, para jugar y distraerme un rato, yo primero pensé que no hacía nada malo, porque al cabo era mi tiempo y mi dinero el que gastaba, pero siendo honestos siempre pensé que esto no estaba bien, por eso vengo a preguntarle si acudir a un casino es pecado”, yo le dije: “Es muy lamentable la situación que vive usted, en su vida familiar, pero yo creo que más que buscando distraerse cuando usted va al casino, está buscando evadirse de la realidad, además de que el tiempo y el dinero que ahí emplea debería de usarlos para realizar una labor social o un apostolado en favor de los pobres o desvalidos, ¿hasta qué punto es un pecado acudir a un casino? Yo diría que en la medida en que nos enajenamos, nos olvidamos de nuestros problemas, y nos divertimos egoístamente”. Le dije también: “El tiempo y el dinero que nos sobra no nos pertenece, en realidad no es nuestro, es de las personas que nos rodean, así que a ellos debemos servir en ese tiempo y con ese dinero que nos sobra”.

Amigos, en nuestra vida cotidiana hay tantas cosas que hacemos creyendo que están bien, pero hay algo en nosotros que nos dice que no, por eso lo primero que debemos hacer cuando tenemos duda de si algo que hacemos, pensamos o decimos es correcto o no es ir y preguntarle al sacerdote, que conoce los criterios para saber cuándo una acción es pecado o no. Él nos orientará correctamente en nuestro actuar y en el valor moral de nuestras acciones. Que Dios les bendiga abundantemente. Nos leemos la próxima semana.

 

Padre Eduardo
Confidencias del Confesionario