Un domingo, después de confesarse, una señora mayor me dijo: “Padre yo asisto a clases de Biblia cada semana, pero he tenido discusiones con mis maestros y mis compañeros”, yo le pregunté: “¿Y cuál ha sido el motivo de esas discusiones?”, entonces ella me respondió: “Padre, es que a mí, a veces no me gusta lo que dice la Biblia”, yo la interpelé: “¿Cómo es eso de que no le gusta lo que dice la Biblia?”, entonces me miró por un momento pensando y luego me dijo: “Es que hay pasajes de la Biblia que simplemente no me cabe en la cabeza que así como está escrito este correcto el texto, porque dice cosas ‘inaceptables’, al menos desde mi punto de vista”, entonces yo le pregunté: “¿Cómo qué cosas ‘inaceptables’ o a qué pasajes se refiere?”, ella me respondió: “Por ejemplo el texto del evangelio en el Jesús dijo «He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!» (Lc 12,49) o el texto del evangelio en el que Jesús dice «No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer la paz, sino la guerra» (Mt 10,34), a mí no me gusta eso que dice la Biblia que dijo Jesús, ¿cómo que ha venido a traer fuego a la tierra?, ¿qué acaso Jesús era un incendiario? ¿Y cómo que no ha venido a traer paz a la tierra?, ¿qué no es acaso él el príncipe de la paz?”, entonces le dije: “Mire hay textos de la Sagrada Escritura que probablemente no nos agrade mucho como suenen, pero eso no nos autoriza a despreciarlos o a rechazarlos y mucho menos a querer cambiarlos”, ella me dijo: “Pues yo no creo que Jesús haya dicho eso o al menos a mí me hubiera gustado que Jesús nunca lo hubiera dicho”, yo le dije: “Mire en vez de cuestionar lo que dijo Jesús más bien debemos darnos a la tarea de tratar de entender o interpretar por qué dijo eso Jesús”. Luego ella me dijo: “Pues yo no entiendo por qué Jesús dijo eso”. Yo le respondí: “Por eso es que son necesarios los estudios bíblicos, para aprender a interpretar correctamente los textos bíblicos, además hay que hacerlo bajo la guía del Magisterio de la Iglesia que es ‘el auténtico intérprete de la Sagrada Escritura’ (DV 10)”. Entonces ella me dijo: “¿Y qué es el Magisterio de la Iglesia?”, yo le respondí: “San Pedro y los Apóstoles recibieron de Jesús la tarea de custodiar la verdad, conservarla y descubrirla en la Revelación y transmitirla a todos los hombres y esa tarea ellos, por voluntad de Cristo, la extendieron a sus sucesores, el Papa y los obispos en comunión con él, quienes también tienen el auxilio del Espíritu Santo para garantizar que no se van a equivocar en sus interpretaciones. El Papa y los obispos tienen la autoridad y la gracia para conservar, predicar e interpretar auténticamente la Palabra de Dios. A esta tarea, exclusiva del Papa y los obispos, se le llama Magisterio de la Iglesia”.

Amigos, es importante que entendamos que Dios ha querido ‘darse a conocer’, es decir, ‘revelarse’ de forma oral y de forma escrita, la revelación escrita ha quedado consignada en la Sagrada Escritura, que ha sido revelada para nuestra salvación, por lo tanto, es necesario que tratemos de conocer, estudiar y profundizar en la Sagrada Escritura para que comprendamos aun los pasajes más difíciles de entender. Si un pasaje de la Biblia no lo entendemos la opción no es rechazarlo o cuestionarlo o mucho menos querer cambiarlo. La opción es estudiarlo bien con la guía del Magisterio de la Iglesia para saber interpretarlo correctamente.

Qué Dios los bendiga.