De mi diario:

25 de enero del año 2020.-

 

Faltas, Señor mío, en los corazones del siglo XXI.

Todo redunda en un clima de fragilidad y desconsuelo.

Las miradas ya no irradian alegría y los encuentros generan desconfianza.

La dulzura quedó escondida en ingenuos sueños

que no alcanzan a convertirse en anhelos.

Faltas, Señor mío, en las mentes post-modernas.

Como todo es políticamente correcto, pero tristemente descompuesto,

vemos ambientes de desesperación, ansiedad y destierro.

Faltas, Señor mío, en las almas que no creen tener alma.

Reina la división en países, personas y casas.

Asusta la confusión en jóvenes que ya no abrazan

vidas sencillas que rezan, trabajan y aman.

Genera, Señor mío, San Pablos que se caigan de sus caballos

y te vean pedirles compromiso

para componer este caos y suplicio

de tantas heridas, pecados y abismos.

 

Al día de hoy:

 

Señor Jesús, nuestro mundo ha sido fuertemente sacudido y ya están apareciendo esos San Pablos. Y también, quizá, pronto estaremos conviviendo con: Francisco de Asís, Camilo, Juan de Dios, Roque, Blas, Teresita, Josemaría, Teresa de Calcuta, y Damián (apóstol de los leprosos en la isla de Molokai).

Las iniciativas para hacer el bien están surgiendo en los lugares y de las personas más inesperadas.

Los médicos, enfermeras, cajeros de supermercados, voluntarios, policías, mensajeros, están reviviendo con su heroísmo nuestros ambientes sombríos.

El dolor es muy grande, pero la humanidad ha despertado.

Nunca, como hoy, siento que puede convertirse en realidad esa oración por la unidad de todos los cristianos.

El mundo está descubriendo la realidad y bondad de tu Iglesia. La oración se está retomando como fuente de purificación, unidad y generosidad.

Por fin nos damos cuenta de la falsedad de tanta ideología que estaba contaminando el mundo: relativismo, hedonismo, materialismo, ateísmo, cientificismo, género…

Por fin podemos ver que no era posible estar reclamando derechos cuando lo que nos pertenece realmente son las responsabilidades.

La vida es un don inmerecido que debemos agradecer cada segundo.

La familia, que ha sido tan atacada, es el verdadero refugio que hemos recibido como regalo de Dios.

Jesús, Tú estás con nosotros. Cargas nuestros sufrimientos más profundos y nos conduces, de tu Pasión y Cruz, a la Resurrección.

Tu Madre, María Santísima, nos está brindando ayuda y consuelo en sus distintas advocaciones: María de Guadalupe, Nuestra Señora de Zapopan, Nuestra Señora de la Salud, Auxilio de los Cristianos, Refugio de Pecadores, Nuestra Señora de Todos los Pueblos, Nuestra Señora de la Paz, Nuestra Señora de las Victorias… Ella, como mediadora de todas las gracias, ya está intercediendo por nosotros.

¡Gracias Señor! ¡Que tu Preciosa Sangre nos cubra! ¡Envíanos tu Santo Espíritu en este tiempo de confusión y enfermedad! ¡Sana a tu pueblo, Señor! Amén

 

ORACIÓN:

“Señor Jesucristo, Hijo del Padre, manda ahora tu Espíritu sobre la tierra. Haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todas las personas y de todos los pueblos, para que sean preservados de la corrupción, de las calamidades, de la enfermedad y de la guerra. Que la Señora de todos los Pueblos, María Santísima, sea nuestra abogada. Amén”

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO