Anoche, en medio del bosque, observaba en el cielo la famosa estrella de la que se ha estado hablando últimamente. Usando la modernidad de una app que te da información astronómica, pude ver que la estrella era Júpiter unido a Saturno. Se nos ha presentado por diferentes medios este fenómeno de conjunción entre estos planetas que no se daba desde la Edad Media y se dice que es probable que haya sido la estrella de Belén que vieron los magos de Oriente como señal para llegar al niño Jesús.

En un instante de asombro, y como yo tiendo a relacionar casi todo con la música, recordé al compositor inglés Gustav Holst, quien entre 1914 y 1917 compuso la suite musical “Los Planetas”. A cada planeta lo convirtió en portador de noticias para nuestro mundo y me gustaron los mensajes de Júpiter y de Saturno: Júpiter como mensajero de la alegría y Saturno como mensajero de madurez y crecimiento.

Hoy, en tiempos tan confusos de enfermedad global, esta conjunción de planetas como señal de iluminación, nos invita primeramente a anhelar esa esperanza que recibieron los magos al encontrar al niño Jesús, guiados por la estrella. Qué lindo también tomar la creatividad de Holst para ver en esa luz un mensaje de alegría y de la posibilidad de madurar como humanidad, volviendo a la verdad, a la bondad, a la compasión, a la belleza y a la unidad, después de tanto dolor y miedo.

Durante la Edad Media, en fechas cercanas a esa última vez que estuvieron tan cerca Júpiter y Saturno, vivió un abogado italiano llamado Jacopone en el pueblo de Todi. Todo estuvo perfecto en su vida por mucho tiempo: tenía dinero, fama, talento y una bella esposa. Se desenvolvía en un ambiente materialista y por lo mismo era egoísta y superficial. A los dos años de casado, en una fiesta, su esposa muere al caer de un palco. Al tomarla en sus brazos, Jacopone descubre que ella llevaba un cilicio como penitencia. Más adelante se da cuenta de lo profundamente piadosa que fue en vida su mujer y de cómo ella oraba todo el tiempo por él y por su salvación.

Fue tan grande su impresión que ya no pudo continuar con su mismo estilo de comportamiento. Por mucho tiempo anduvo errante hasta que decidió pedir su entrada a un convento franciscano. Fue un gran hermano menor que se inició como poeta canalizando su sufrimiento en bellísimas composiciones como el Stabat Mater a la Virgen María.

El beato Jacopone da Todi murió un día de Navidad, habiendo seguido su propia estrella: la luz de su esposa que lo condujo hacia Jesús.

Observando también la estrella, sigamos en nuestra ruta hacia nuestro Rey hecho niño para cantarle “Aleluya”, como dice el himno Akathistos en honor de la Madre de Dios:

 

“Observando la estrella

que hacia Dios los guiaba

sus fulgores siguieron los magos.

Era antorcha segura en su ruta;

los condujo hacia el Rey Poderoso.

Al llegar hasta el Inalcanzable

le cantan: Aleluya”

 

MARTHA MORENO

VOCES EN EL TIEMPO