Qué terribles historias de dolor y de arrepentimientos tardíos encuentra uno en el confesionario. Un día un joven de unos 23 años llegó al confesionario con lágrimas en sus ojos, más que confesarse quería desahogarse, me dijo: “mi padre acaba de morir hace tres días”, yo pensaba que se trataba de un caso normal, donde el hijo extraña a su padre que acaba de morir, pero no, era algo más complejo y doloroso, el joven me lo dijo: “Hace tres años y medio me fui de mi casa, mi relación con mi papá siempre fue muy complicada, chocábamos mucho, por eso decidí irme de la casa, mi papá me decía que yo era un vago, una persona sin futuro, un irresponsable, un bueno para nada, que nunca llegaría a hacer alguien en la vida, ahora con el tiempo he llegado a pensar que tal vez tenía razón, porque así me comporté en buena parte de mi adolescencia y mis primeros años de juventud, pero decidido a cambiar me fui de la casa para demostrarle a mi padre que estaba equivocado, que yo podría ser otra persona, al principio me costó mucho trabajo, pero me adapté a lo que me tocó vivir, trabajar y estudiar no es fácil, al final pude hacerlo y apenas hace unos días me recibí, no me animé a invitar a mi papá a mi graduación porque no sabía cómo lo podía tomar, y estaba decidiéndome a ir con mi papá para presentarle mis logros cuando me avisaron que mi papá acababa de morir de un infarto, me dio mucha tristeza, por todo el tiempo perdido, por no haberlo buscado antes, porque no alcancé a presentarle el fruto de mis esfuerzos y sobre todo porque no pude pedirle perdón de todos mis errores y excesos” y se soltó a llorar desconsoladamente, entonces le dije: “No puedes echar el tiempo atrás, no puedes cambiar el pasado, pero vive tu vida haciendo el bien, sirviendo a tu próximo y será la mejor manera de pedirle perdón a tu papá, haciendo que él se sienta orgulloso de ti”.

Qué importante es aprovechar el tiempo cuando lo tenemos, porque no sabemos cuándo se nos va a acabar, amemos a nuestros seres queridos hoy, no lo dejemos para mañana, perdonemos o pidamos perdón hoy, no vaya a ser que después no tengamos oportunidad, hagamos las cosas buenas que nos proponemos hoy, no sea que nos acabe la oportunidad de hacer lo que tanto quisimos hacer. Recordemos lo que dice la Palabra de Dios: “Hay un tiempo para cada cosa” (Ecle 3,1). Dios nos conceda vivir amando y aprovechando intensamente el tiempo que tenemos.
Hasta la próxima.

 

Confidencias del confesionario.       P. Eduardo Michel Flores.