Cada año, al acercarse la Navidad, somos advertidos de muchas maneras de los múltiples peligros que existen de que la fiesta del nacimiento de Jesucristo, nuestro Salvador, nos sea robada. Y este año no es la excepción, más ahora, con la pandemia de COVID que ha afectado nuestra existencia de diversas maneras, al punto de cambiar nuestra forma de vida, nuestros saludos, nuestras muestras de afecto, nuestras reuniones, nuestras relaciones interpersonales, nuestra forma de estudiar y de trabajar, hasta nuestra vivencia de fe y de la religión.

Existen muchos factores en torno a la Navidad que ponen en riesgo su genuina y auténtica celebración, uno de ellos y quizás el más conocido y señalado es el “consumismo”, que hace que el espíritu de la Navidad gire en torno a compras, regalos, intercambios, etc. La gente frenéticamente va de un lugar a otro buscando comprar “cosas”, gastar su aguinaldo, parecería que la Navidad depende de cuántos regalos damos y de cuántos regalos recibimos.

Otro factor que puede robarnos el auténtico espíritu de la Navidad es la “mundanización”, es decir, hacer de la Navidad una fiesta mundana, que este centrada en “posadas” y “preposadas”, comidas, fiestas, pachangas, etc. que parecería que tienen como único fin reunirse para comer y beber, incluso hasta embriagarse, de tal manera que una buena celebración de la Navidad sería aquella en la que hubiera habido mucha comida y mucha bebida. Así, la Navidad se vacía de sentido, ya que en esas “convivencias navideñas” no se menciona para nada a Cristo, no se tiene en cuenta que la celebración de su nacimiento es el motivo principal de la reunión.

Un factor que desde hace algunos años ha ido apareciendo, cada vez con mayor fuerza es el de la “desacralización”, elemento del que la sociedad contemporánea quiere impregnar la Navidad, en diversas latitudes se hace un esfuerzo por robarle su carácter “sagrado” a la Navidad, en algunos países ya no se dice “Feliz Navidad”, sino “Felices Fiestas”, en algunos lugares el día de Navidad es laborable y está prohibido celebrar la Navidad, en nuestro entorno más cercano puede uno encontrar tiendas, almacenes y centros comerciales con grandes carteles y publicidad que en este tiempo aparecen deseando “Felices Fiestas de Invierno”, robándole así el sentido cristiano a esta fiesta que por definición es cristiana, es decir, que está centrada en Cristo, en su nacimiento.

No podemos olvidar el intento de “paganización” que se hace de la Navidad, es decir, el intento de hacer de la Navidad una fiesta pagana, sin Dios, una celebración que no gira en torno al gran acontecimiento del nacimiento de nuestro Salvador, así vemos como se promocionan en la televisión en estos tiempos películas centradas en el árbol de Navidad, en los renos, en el trineo, en la repartición de regalos, en duendes, en santa Clos, etc. pero no en Cristo, no en el nacimiento del Hijo de Dios que se hizo hombre para salvarnos.

“Banalizar” o “trivializar” la Navidad es el resultado que producen en muchas personas todos estos factores juntos o separados, es decir, la Navidad, de ser una fecha especial, única en el año, se vuelve una fiesta banal, es decir común, cualquiera, sin una significación mayor que la de reunirse en familia para comer y beber juntos. Qué trivial y qué vacía resulta la Navidad cuando se convierte en una comida sin sentido religioso, cuando los miembros de una familia se regalan y se felicitan, pero no saben por qué lo hacen.

A los factores ya mencionados tendremos que añadir este año el de la pandemia, que desgraciadamente, por el confinamiento obligado, nos robó la Cuaresma y la celebración de la Semana Santa y de la Pascua, y amenaza ahora con robarnos el Adviento y la Navidad. No nos dejemos robar la Navidad, no lo permitamos, Dios quiera que podamos prepararnos al nacimiento de nuestro Salvador con la celebración del Santo Tiempo de Adviento y que podamos participar de la Eucaristía los cuatro domingos de Adviento, porque la mejor manera de prepararnos a estas fiestas es escuchando la Palabra de Dios y recibiendo el Cuerpo de Cristo; ojalá que también la Navidad podamos celebrarla con la participación en la Eucaristía y con reuniones familiares, pero si por la pandemia no nos fuera posible asistir a la Eucaristía o reunirnos en familia como otros años, no dejemos de recordar el motivo de nuestra alegría en Navidad, que es el nacimiento de Jesucristo, nuestro Salvador, si podemos acudir a la Eucaristía hagámoslo, pero no solo por costumbre o tradición personal o familiar, sino con la conciencia de que vamos a agradecer a Dios por la salvación que nos ofrece en la persona de su Hijo, vayamos a adorar a Cristo Jesús, cuya encarnación y nacimiento es motivo de gozo y esperanza para la humanidad entera. Si podemos reunirnos en familia hagámoslo, pero no perdamos de vista el motivo de nuestra reunión, estamos de fiesta porque estamos celebrando nuestra salvación, que Dios nos ofrece en su Hijo, ese es el motivo fundamental de nuestra celebración. Si podemos intercambiar regalos hagámoslo, teniendo conciencia que el intercambio de regalos ha surgido porque Dios, hace dos mil años nos regaló lo que más amaba, a su propio Hijo, para salvarnos, y nosotros nos regalamos presentes unos a otros imitando el gran gesto de amor que Dios tuvo hacia la humanidad, y no olvidemos de ayudar a los más pobres.

Un peligro más que afrontamos con la pandemia es perder la esperanza, la ilusión, porque la pandemia ha sumido a muchas personas en crisis, las ha conducido a la depresión, al sin sentido de la vida; no lo permitamos, el Adviento y la Navidad son por definición tiempo de esperanza, fiesta de fe, en la que Dios quiere renovar nuestro ánimo para que sigamos caminando, para que si nos hemos cansado recobremos el aliento y reemprendamos la marcha, renovada nuestra fe y nuestra esperanza en Cristo, nuestro Mesías y nuestro Redentor en quien encontramos la fuerza para seguir adelante.

No nos dejemos robar la Navidad, llenémosla de sentido espiritual, démosle su significado profundamente cristiano, porque hay muchos factores en juego que nos quieren robar la Navidad, no lo permitamos.

Les deseo a todos que pasen una muy Feliz y Santa Navidad en Cristo, nuestro Salvador.

Pbro. Eduardo Michel Flores.