Quiero iniciar con una sabia frase del escritor inglés C.S. Lewis, autor de las Crónicas de Narnia. Él en una ocasión escribió: “Dios susurra y habla a la conciencia a través del placer pero le grita mediante el dolor: el dolor es su megáfono para despertar a un mundo adormecido”.

Ante estas circunstancias extrañas que nos rodean actualmente, es tiempo de pedirle a Dios que saque de cada uno de nosotros esos dones que Él nos brindó, para poder así poner nuestro granito de arena. Este presente nos tiene que poner a trabajar, desde nuestra trinchera o casa, para crear ambientes capaces de resistir la adversidad. Una excelente iniciativa, que me compartieron hace poco, fue la de escribir cartas para las personas que estuvieran ya enfermas en los centros de salud. Hay mucha soledad en ese aislamiento. Se necesita apoyo o compañía, aunque sea de manera virtual. Les comparto una carta que yo ya escribí, en este caso para un enfermo, en un hospital español, donde se inició esta noble idea:

“Querido amigo (a):

Con mucho cariño te escribo esta carta desde Guadalajara, México. Me llamo Martha y te llevo en mi oración. Sé que experimentas gran soledad pero quiero que sientas que tienes compañía. Hoy yo te acompaño.

Al escribirte creo que se está generando un lazo muy poderoso de amistad, optimismo y encuentro. Tu nombre, aunque no lo sepa ahora, sé que vendrá a mi corazón con la esperanza de que estarás bien.

Hace dos días estuve en el bosque y pude apreciar la maravilla de los árboles, de las flores, del aire puro, del sonido del viento… Todo llamaba a una reconciliación de la persona con la naturaleza. Yo quisiera poder desintoxicar nuestro virulento ambiente y transformarlo en oxígeno puro que deshaga todo humor violento. La enfermedad nos tiene que mover a nuevos silencios, sentido de vida y saludables alientos.

“La oración purifica la atmósfera” es una frase que leí en un libro del escritor alemán Ernst Jünger. Ese libro se llama Radiaciones. Ese descubrimiento lo hizo él en un período de guerra, de miedo, de desesperación. Entrar en nuestro centro y dirigirnos a nuestro autor eterno nos lleva a un mundo de amistad, de dos, de diálogo. Ya no estamos solos en el momento en el que decidimos mirar hacia arriba y mirar hacia dentro. Este Padre Bueno siempre nos espera para darnos un abrazo. Él sí nos puede abrazar ahora cuando nadie más puede hacerlo y hoy te quiere abrazar a ti.

Hoy doy gracias porque hay personas que están pensando mucho en ustedes y quieren para ustedes consuelo y mucha paz. Hoy doy gracias por los médicos y enfermeros que están trabajando tanto. Hoy doy gracias por las formas que se están abriendo para una nueva generosidad en las personas. Hoy doy gracias por ti y por todo lo que ha representado tu vida. Hoy doy gracias al imaginar alguna de tus sonrisas. Hoy doy gracias a Dios implorando tu salud física, mental, espiritual y afectiva. Hoy pido por tu familia y por tus amigos. Hoy pido por España, país donde tengo amistades muy especiales. Hoy pido por la persona que nos invitó a acercarnos a ti.

Hoy envuelvo esta carta con oración, esperanza y absoluta confianza. Te envío también un abrazo de mi parte. Que Dios te bendiga, te sane, te muestre su rostro y te conceda la paz”.

Aprovecho también para darles a conocer algunos cuestionamientos con respuestas, que el psicólogo canadiense, Jordan Peterson, incluyó en el último capítulo de su libro 12 Reglas para Vivir, un Antídoto al Caos (2018). Creo que en el caos ya estábamos: la enfermedad espiritual ya precedía a la enfermedad física de ahora. Pero también el remedio, la curación, nos la ofrece Dios y pidámosla con fuerza. Estas son algunas de las preguntas que seleccioné:

  1. ¿Qué debo hacer mañana? El mayor bien posible en el tiempo más corto.
  2. ¿Qué debo hacer con mi vida? Ten como objetivo el paraíso y concéntrate en el día de hoy.
  3. ¿Qué debo hacer con mi mujer? Trátala como si fuera la sagrada Madre de Dios, para que así pueda dar a luz al héroe que redima al mundo.
  4. ¿Qué debo hacer con mi hijo? Anímalo para que sea un verdadero Hijo de Dios.
  5. ¿Qué tengo que hacer con un país desgarrado? Zúrcelo con palabras prudentes y con la Verdad.
  6. ¿Qué debo hacer con Dios, mi Padre? Sacrificar todo lo que más valoro en pos de una perfección aún mayor.
  7. ¿Qué debo hacer cuando la avaricia me consuma? Recordar que es verdaderamente mejor dar que recibir.
  8. ¿Qué debo decirle a un hermano sin fe? Estoy firmemente convencido de que la mejor forma de arreglar el mundo, el auténtico sueño de un reparador, es arreglarte a ti mismo…
  9. ¿Qué debo hacer con el próximo momento funesto en el que me encuentre? Concentrarme en el siguiente paso correcto. El diluvio siempre se está aproximando… Cuando todo se ha vuelto caótico e incierto, puede que lo único que quede para guiarte sea el carácter que has construido previamente… Que Dios te ayude… Tenemos que estar unidos ante la tragedia de la existencia. Nuestras familias pueden ser el salón con el fuego encendido, cómodo, acogedor y cálido, mientras en el exterior se desatan las inclemencias del invierno.
  10. ¿Qué debo hacer con las penas del pobre? Esforzarme para dar el ejemplo apropiado y levantar su corazón roto.

 

Estemos atentos a ese megáfono de Dios que nos está forzando, para nuestro bien, a despertar.

VOCES EN EL TIEMPO. MARTHA MORENO