Muchas veces he escuchado expresiones como esta en el confesionario, ¿cuántas? no sé, ya perdí la cuenta. En este momento recuerdo a una señora que me decía: “Estoy muy enojada con Dios, porque le he pedido muchas veces que mi esposo deje de embriagarse y no pasa nada, mi esposo sigue embriagándose frecuentemente y Dios no me escucha”, otra señora me decía algo similar: “No quiero comulgar con este sentimiento, tengo mucho coraje con Dios, porque le he pedido que mi hijo se quite de las drogas y él sigue drogándose, Dios no me escucha”, incluso una señora me dijo: “Tengo mucho coraje con Dios porque le pedí que mi hijo no anduviera en malas compañías y ya hasta en una banda de maleantes se metió e incluso a la cárcel fue a dar”; y en este mismo tono y con expresiones similares he escuchado este reclamo muchas veces, y en todas esas ocasiones mi respuesta fue igual, yo siempre que he escuchado a una persona que me dice que está enojada con Dios porque no ha escuchado su oración para cambiar a una persona o determinada situación, les respondo: “Dios es un Padre, no un dictador, Dios no cambia a las personas si las personas no quieren ser cambiadas, eso iría contra él mismo, contra la libertad que él nos dio, el Dios que nos ha revelado Jesucristo es un Dios que respeta nuestra libertad, no la violenta, así que esperar que Dios cambie a las personas sin que ellas quieran es absurdo, Dios no es un mago, que utiliza las palabras mágicas para cambiar a las personas, Dios espera la colaboración del ser humano con su gracia para que pueda actuar, no actúa mágicamente”.

Amigos cuánto sufrimiento nos ahorraríamos en nuestra relación con Dios si no lo viéramos como un dictador de las conciencias, si tratáramos de conocerlo de verdad, como un Padre amoroso, que respeta nuestra libertad, que no hará nada para violentarla, al contrario, que nos deja actuar y que pacientemente espera la primera oportunidad para que le abramos la puerta de nuestro corazón y así poderlo cambiar, es verdad Dios quiere que todos nos salvemos, pero no lo hará yendo contra nuestra libertad, qué grande es Dios, que respeta nuestra libertad. Empeñémonos en conocer mejor a Dios para amarlo más cada vez.

 

Confidencias del confesionario.       P. Eduardo Michel Flores.