Se acerca la fiesta de la Santísima Trinidad. En el icono de la Santísima Trinidad del ruso Andrei Rublev se encuentra una forma profunda y silenciosa de conducir nuestra oración. El tiempo se transforma y cada elemento de la obra brinda paz y un sentido de unidad. Este icono fue encontrado en la catedral dedicada a la Santísima Trinidad del monasterio del mismo nombre, fundado a mediados del siglo XIV por uno de los grandes santos rusos: San Sergio de Radonezh.

El lema de San Sergio era: “Contemplando la Trinidad, vencer la odiosa discordia del mundo”. Ciertamente, al observar a cada persona divina amando a la otra como a sí misma, se nos da el mejor ejemplo de unidad, de aceptación y de amor incondicional. El icono es una ventana al misterio y un medio indirecto de acercarnos a la belleza de Dios. Se nos presenta como una escena de hospitalidad que viene narrada en el Génesis cuando Abraham recibió a tres ángeles en el encinar de Mambré.

El iconógrafo (persona que se dedica a pintar iconos) a lo largo de los siglos, ha realizado su vocación siguiendo una serie de reglas que le permiten acceder a un mundo invisible al que todos somos invitados mediante la oración. Esas normas del pintor de iconos las podemos aplicar en cada proyecto de nuestras vidas, en cada decisión por tomar o en cada acción a realizar. Entre las principales tenemos:

  1. Antes de comenzar la obra hay que hacer la señal de la Cruz, orar en silencio y perdonar a los enemigos.
  2. Hay que trabajar con cuidado todos y cada uno de los detalles del icono, como si se estuviera trabajando frente al Señor mismo.
  3. Durante el trabajo, hay que orar, a fin de fortalecerse física y espiritualmente; hay que evitar las palabras inútiles y mantenerse en silencio.
  4. Hay que orar en particular al santo cuyo rostro se está pintando.
  5. Cuando haya que elegir un color, se tenderá la mano interiormente hacia el Señor y se le pedirá consejo.
  6. No hay que estar celoso de la obra del prójimo; su éxito es también propio.
  7. Cuando el icono está terminado, hay que agradecer a Dios.
  8. Hay que hacer que el icono sea bendecido y colocarlo sobre el altar.

Algunas actitudes muy importantes del pintor de iconos incluyen: nunca buscar su propio reconocimiento por estar seguro de que el reconocimiento es para Dios, no querer imponer su propio estilo porque es seguidor de una tradición, y saber que su trabajo es fruto de muchas generaciones de creyentes que se ven reflejadas en su obra. El icono viene siendo una ventana a la eternidad que siempre conduce a la oración, al silencio y a la belleza tranquila del encuentro con Dios. Por esa razón Dorothy Day dice que nunca será más importante la calidad del icono que la fe del orante.

Un icono, siendo una expresión pictórica, es portavoz de la realidad invisible del amor de Dios que nos quiere abrazar. Te invito a mirar, a escuchar y a orar frente a la Santísima Trinidad de Rublev. Haciéndolo de manera constante y paciente seremos capaces de escuchar con nuestros sentidos interiores la voz de Dios.

 

Martha Moreno
Voces en el tiempo