Ante un feminismo radical tan extraño, presente en nuestros días como una ideología cargada de falsedad y egoísmo, podemos encontrar posturas que se han adentrado en la realidad profunda del alma de la mujer, encontrando en ella toda su verdad y belleza. Edith Stein fue una filósofa alemana judía que en su tiempo se preocupó por los derechos de la mujer a nivel político, intelectual, familiar y espiritual, buscando conocer su esencia y su misión formadora de la humanidad.
Cómo me gustaría que pensadoras de la talla de Edith Stein pudieran dar razón de toda la bondad inherente a la mujer y la defendieran ante las posturas erróneas que la reducen y la quieren equiparar en todo sentido al hombre. Hay muchos aspectos de la mujer que la hacen sumamente especial. El pensamiento de Edith debería ser más conocido y promovido.
La voz de Edith Stein es muy actual. Nació en Breslavia en 1891 dentro de una familia judía. Su padre murió cuando ella tenía dos años. Siempre fue muy inteligente y reflexiva. Vivió una crisis en su adolescencia y perdió la fe. Ella tenía una necesidad muy fuerte de encontrar la verdad y el sentido de la existencia del hombre. Por eso se decidió por la filosofía y la psicología. Sus estudios los realizó en Gottingen y ahí tuvo la oportunidad de conocer a grandes filósofos de su tiempo: Scheler y Husserl. El personalismo y la fenomenología la fueron conduciendo a la noción de que realmente era posible encontrar y conocer la verdad de manera objetiva. El mundo de la fe se fue apareciendo ante ella.
Durante la Primera Guerra Mundial entró como voluntaria a la Cruz Roja. Este tiempo puso a prueba su sentido del sufrimiento, de la muerte y de la realidad de la persona humana. Salió realmente cambiada de esta experiencia.
Una vez que terminó sus estudios realizó su tesis doctoral sobre el tema de la empatía.
Varios sucesos la llevaron a un encuentro personal con Jesús: Cierto día observó cómo una mujer entraba a un templo en una hora en la que no había misa o celebración. Se le hizo extraño verla salir tiempo después muy feliz, como si acabara de experimentar algo maravilloso. Ella se interesó en ese tipo de intercambio entre Dios y una persona. Eso nunca lo observó en su tradición judía.
Después murió su amigo Adolf Reinach y eso la afectó mucho. La forma en que su viuda aceptó con amor su cruz y vivió su duelo la dejó impresionada. Ella supo inmediatamente que en el cristianismo estaba el secreto de la verdadera vida. Al leer la Autobiografía de Santa Teresa de Jesús se dio cuenta de que Cristo era la respuesta que ella estaba buscando desde hacía muchos años. El 1º de enero de 1922 se bautizó y un año después inició su labor como maestra.
Más adelante siguió buscando ese auténtico feminismo cristiano que ella tanto anhelaba y por eso escribió sobre la originalidad de la mujer. Cuando leyó a Santo Tomás de Aquino descubrió que era posible poner el conocimiento y la ciencia al servicio de Dios. Trabajó mucho por la dignidad y respeto de la persona. Ella dijo que “estamos en el mundo para servir a la humanidad”.
Dios le pedía siempre más. Su entrega y tiempos de oración fueron creciendo. Decidió entrar al Carmelo cuando se dio cuenta de que su vocación era la de interceder, mediante su propio sufrimiento, a favor de los pecadores y así ayudar a salvar a la humanidad. Ella se ofreció en el espíritu de la Cruz por su propio pueblo judío y el día 9 de agosto de 1942 murió mártir en el campo de concentración de Auschwitz. Fue canonizada por San Juan Pablo II el 11 de octubre de 1998.
Una mujer como Edith Stein, a quien hoy conocemos como Santa Teresa Benedicta de la Cruz, es un ejemplo claro de cómo quien busca la verdad es encontrado por Jesús, quien es la Verdad. Nuestro mundo actual ha perdido en gran parte su centro al dejarse llevar por ideologías y reduccionismos como son el materialismo, el relativismo y una vida superficial. Edith nos invita a entrar en ese camino de búsqueda de la verdad para ser tomados por Jesús y así poder salir de nuestras esclavitudes y vacíos. Escuchemos su voz:
“Si reina la paz en tu corazón, entonces esa paz vendrá también al mundo”.
“El mundo está en llamas. ¿Deseas apagarlas? Mira a la Cruz. Desde el corazón abierto brota la sangre del Redentor… Haz libre tu corazón con el fiel cumplimiento de tu profesión, entonces se derramará en tu corazón el caudal del Amor Divino hasta inundar y hacer fecundos todos los confines de la tierra.”
“El sufrimiento soportado en unión con el Señor es Su Sufrimiento insertado en la gran obra de la redención y por eso, fructífero”.
Voces en el Tiempo.
Martha Moreno