Querida mamá: Este escrito es para ti, en acción de gracias por tu gran amor, entrega y enseñanzas de vida. Tengo el propósito de darte una lista de las cosas buenas que he recibido y sigo recibiendo de ti, pero eso te lo ofreceré de forma personal. Seguramente no podré escribirlas todas por ser muchísimas. ¡Gracias! Le pido a Dios te cuide, te anime y te bendiga siempre.

Mi primera idea para el artículo fue la de compartir cartas o escritos de santos que hablaran del gran cariño y admiración que sintieron por sus madres. Ya había elegido a tres. Le platiqué a uno de mis hijos cómo quería abordar este tema y me encantó que él me dijo: -Estoy seguro de que hablarás de San Agustín y de Santa Mónica-. No había pensado en ellos, pero me pareció muy importante el incluirlos y buscar algunas frases de San Agustín que reflejaran lo que su madre significó para él y cómo la tuvo en el más alto aprecio.

Primer ejemplo: SAN AGUSTÍN.- En el capítulo IX de sus Confesiones, Agustín habla de las extraordinarias virtudes de su madre Mónica. Destaca su sobriedad, honestidad, paciencia, prudencia y mansedumbre. San Agustín narra cómo su mamá ganó las almas de su esposo y de sus hijos para Dios. Dice Agustín a Dios: “Fue servidora de tus servidores. Quien la conocía encontraba en ella, mucho que alabar; y en ella Te alababa y Te honraba a Ti, pues sus buenas obras hacían sentir que ella tenía tu presencia en su corazón. Había cumplido bien sus deberes para con sus padres, había sido esposa de un solo marido; siempre llevó su casa con piedad y los buenos frutos de su conversación daban de ella alto testimonio. Había educado a sus hijos, y tantas veces los había dado a luz cuantas veía que se desviaban de Ti. Y por último, a todos nosotros, que por tu gracia nos llamamos hijos tuyos y después de la gracia del bautismo vivíamos en fraternal comunidad, nos cuidaba y atendía como si fuera la madre de todos; y a todos nos sirvió como si hubiera sido hija de todos”.

Segundo ejemplo: CARDENAL VAN THUAN.- Después de la victoria del régimen comunista en Vietnam, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan, arzobispo en ese tiempo, fue arrestado y permaneció en la cárcel por trece años, hasta 1988. Nueve años los vivió en aislamiento. Juan Pablo II lo nombró cardenal en el 2001 y falleció en Roma en el año 2002. Uno de sus libros lo dedicó a su madre:

“A mi madre Elisabeth, que me educó desde que estaba en su seno. Me enseñaba todas las noches las historias de la Biblia. Me contaba las memorias de los mártires, especialmente de nuestros antepasados. Me enseñaba el amor a la patria. Me presentaba a Sta. Teresita del Niño Jesús como modelo de virtudes cristianas. Es la Mulier Fortis que sepultó a sus hermanos masacrados por los traidores, a los que luego perdonó sinceramente, acogiéndolos siempre, como si nada hubiera sucedido. Cuando estaba en la prisión, era mi gran consuelo. Decía a todos: -Reza para que mi hijo sea fiel a la Iglesia y permanezca donde Dios quiera que esté-”.

Tercer ejemplo: PIETER VAN DER MEER DE WALCHEREN.- Este gran poeta holandés (1880- 1970) cuyo entorno familiar fue muy favorable, recibió una excelente formación artística y humanística. Siempre tuvo una inclinación muy definida hacia el bien que lo hizo darse cuenta de que algo le faltaba a su vida. Su búsqueda, con la ayuda de su gran amigo y después padrino, Leon Bloy, lo llevó a convertirse a la fe católica. Sus escritos son profundos y bellísimos. Relatan su nostalgia, su camino y su llegada al máximo bien. Después de la muerte de su esposa Cristina, ingresó en un monasterio. En su libro Nostalgia de Dios nos habla de su madre: “Ahora comprendo todos los actos de mi madre y esto ha avivado aún más mi amor por ella. Cuánto nos ha ayudado con su lucha contra las falsas apariencias, contra la inautenticidad de un medio ambiente mezquino… Cuánto nos ha ayudado con su búsqueda de la verdad, que ahora ya debe conocer y que tal vez sea completamente distinta de lo que ella creía; pero que buscaba con pasión y con rectitud de miras; conocía la avidez insaciable de la verdad… Nos enseñó a escuchar única y exclusivamente las voces de nuestra alma y a atender las llamadas de la misma sin preocuparnos en absoluto de lo que se pudiera decir de nosotros, prescindiendo por completo de intereses sociales o materiales. De ella he recibido también el don de la entrega confiada y esta inquietud espiritual… Gracias a mi madre conozco el bendito anhelo por las cumbres, por las voces, por la infinitud”.

Honor a quien honor merece. Estos grandes hombres reconocieron la labor tan noble y generosa de sus madres. Eso es saber ser agradecidos y demostrar su amor. En este día de las madres te vuelvo a decir, mamá, lo mucho que te quiero y te vuelvo a repetir lo que te escribí en una cartita cuando tenía 12 años: “Mamá: Comprensión, cariño, luz, ternura. Todas esas virtudes solamente las puede reunir una persona que quiere demasiado como lo haces tú. Gracias, muchas gracias por tu capacidad de amarnos, comprendernos, perdonarnos y también, porque además de habernos ofrecido al mundo, nos has dado todo lo que tú eres. En este día te quiero hacer saber lo orgullosa y dichosa que soy al tenerte y por eso doy gracias a Dios: al Dios tan grande y tan bueno que nos dio la felicidad y la alegría de estar a tu lado. Tu hija que te quiere mucho en el día de las madres y siempre, Martha”.

 

VOCES EN EL TIEMPO

Martha Moreno