En esta pausa, que estamos experimentando por la amenaza de una enfermedad, es importante el retomar la idea de elaborar desafíos que nos motiven, brinden disciplina y ayuden a aprovechar nuestro tiempo para crecer en humanidad y virtud. Tenemos poca información veraz sobre la duración de este confinamiento, sobre si se encontrará una cura o vacuna, o sobre cuál será la afectación real de nuestro mundo a nivel económico, social, cultural o espiritual. Sin embargo, estamos descubriendo que son muchas las cosas que podemos hacer, desde nuestro hogar, para sanar otro tipo de enfermedades que tenían rato ya instaladas en nuestros ambientes, como son: el materialismo, la apertura a las ideologías, el egoísmo, la indiferencia, la superficialidad, el sentimentalismo excesivo, el relativismo o el hedonismo.

Desde el inicio de la pandemia he tenido muy presente la figura del Sagrado Corazón de Jesús. Esta devoción alcanza su plenitud en Paray le Monial, Francia, en el siglo XVII, cuando Jesús elige a una humilde religiosa de la Visitación, Santa Margarita María de Alacoque, para ser su apóstol en la propagación de su amor. Nuestro Señor deseaba que ella y el mundo entero se consagraran totalmente a su Corazón: su vida, su salud, sus palabras, obras, pensamientos y todo su ser. Y también pedía que se confiara totalmente en Él, porque quería otorgar siempre sus gracias y su amor. Hay un acto de consagración al Sagrado Corazón que termina con las siguientes palabras: “Concede, Señor, a tu Iglesia, segura y completa libertad; otorga la paz a las naciones y haz que del uno al otro polo de la tierra resuene esta sola voz: – Alabado sea el Divino Corazón, por quien nos vino la salud; a Él sea la gloria y el honor, por los siglos de los siglos, Amén -”.

Es esperanzador el poner nuestra confianza en Jesús y darnos cuenta de que Él quiere concedernos esa salud integral y darnos las medicinas necesarias para surgir como personas nuevas y comprometidas con el mundo, con nuestras comunidades, con nuestra Iglesia, con nuestras familias y con nuestro propio ser. Pero, como dije al principio, debemos poner nuestra parte. En el libro Vida y Obras Principales de Santa Margarita María de Alacoque, encontré cómo ella proponía desafíos que le servían de base para trabajar su vida cotidiana y espiritual, en compañía de sus compañeras religiosas, y así seguir el camino que Jesús les pedía. Les comparto ejemplos de esos desafíos de Sta. Margarita María:

  1. Primeramente, al despertar, entrarán en el Sagrado Corazón, y le consagrarán su cuerpo, alma, corazón y todo su ser.
  2. Nuestro desafío será unirnos en espíritu y de corazón a la Santísima Virgen, tantas veces como podamos, para rendir homenaje al Verbo Encarnado.
  3. Harán morir su lengua, no diciendo nada inútil en tiempos de silencio. En las conversaciones nunca dirán palabras de queja, murmuración o desestima del prójimo.
  4. Cuando se sientan turbadas o agitadas de cualquier temor en el mar tempestuoso de este mundo, deberán decir a su alma: ¿Por qué temes, si llevas contigo al Corazón de Jesús…?
  5. El desafío de nuestras queridas hermanas será la mansedumbre y la humildad.
  6. Cuando se encuentren sumergidas en un abismo de tristeza, entren en el abismo de la alegría del Sagrado Corazón, donde encontrarán un tesoro, que disipará todas sus tristezas y aflicciones del espíritu.

Siguiendo el ejemplo de Sta. Margarita María, les transcribo mis propios desafíos para buscar entrar en el Sagrado Corazón de Jesús:

Vivir en la unidad del primer mandamiento,

encontrar en mi Dios la música del día,

cantar con ángeles cuando acaricio el viento,

saludar con dulzura y cariño a María.

 

La oración convertirla en pan para el hambriento,

sacudir el materialismo que nos ciega,

trabajar con gozo ese terreno sediento

y esperarte tranquila, Jesús que ya llegas.

 

Elucubrar motivos de amor para el cielo,

aniquilar en mí lo que no es verdadero,

permitir al Espíritu darme su vuelo,

entronizar con rosas tu Corazón nuevo.

 

Agilizar mis pasos para ser tu tiempo,

agujerar mis bolsas que cargan el peso

de asuntos superfluos que alejan los intentos

de darte como ofrenda mi más tierno beso.

 

Me cautiva tu Creación por ser tu reflejo,

suspiro por tu amor al ver al hombre triste,

rezo al despertar y sonrío en el espejo,

quisiera verte a Ti, Jesús que te nos diste.

 

Te espero, mi Señor, regresa en sacramento,

nos unimos hoy a Ti en consuelo a tus llagas:

tanta soledad nos deshace en sufrimiento

pero tu Resurrección nos despierta y sana.

 

Vivir en la unidad del primer mandamiento

como firme desafío en esta pandemia

nos abre al Corazón a la voz del silencio

para abrazar a Dios que, en su gracia, nos premia.

 

VOCES EN EL TIEMPO

Martha Moreno   AMDG