Las buenas noticias son un verdadero bálsamo que nos impulsa a continuar animados en esta etapa que podemos llamar de “purificación”. Hemos estado recibiendo pura información desconcertante que ha producido mucho miedo y tristeza. Pareciera que cada día se retrasa más la cura a la enfermedad física, y quizá esto sea parte de un proceso de sanación espiritual, mental y emocional de toda la humanidad. Ojalá sea así. Encuentro tres muy buenas maneras de vivir (no sólo sobrevivir) en este tiempo de pandemia: a) aprender a escuchar los signos de los tiempos con prudencia, buscando siempre la verdad y actuando con sentido común y caridad, b) continuar nuestra misión o deber de estado, y c) perseverar en la fe, siempre con alegría y esperanza. Es impresionante cómo todo llama a volver al inicio, a regresar a Dios. Me gusta la frase del escritor Ernst Jünger que dice: “El mundo corre peligro de desmoronarse si no lo mantiene sujeto el vínculo espiritual”.

Este año 2020 ya es considerado como un año de sufrimiento y dolor. Hay personas que dicen que quisieran eliminarlo de su calendario. Sin embargo, ese dolor, unido a la Cruz de Cristo, se vuelve redentor y nos invita a crecer y a aprender. También Jünger nos afirma en su libro Radiaciones: “¿Cómo podría ocurrir tal cosa, a no ser para que sirviera de lección?… El sufrimiento genera fuerzas superiores, curativas”. Pues dentro de este año raro, 2020, surge una noticia que para mí es muy alentadora y me da mucha alegría: mis queridos amigos Carlos de Foucauld y Paulina Jaricot serán elevados a los altares. Carlos será canonizado y Paulina beatificada. Sus testimonios nos brindan nuevas oportunidades y enseñanzas sobre el sentido de la vida que valen la pena conocer y seguir. ¿Quiénes fueron Carlos de Foucauld y Paulina Jaricot?

CARLOS DE FOUCAULD.- Fue militar, converso, ermitaño, evangelizador y sacerdote francés, que terminó su vida asesinado el 1916, mientras vivía con los tuaregs en Argelia. Gracias a su carisma y ejemplo de vida en sencillez surgieron muchas congregaciones y asociaciones de vida religiosa. Es muy conocido por su oración de abandono en Dios. Podemos escucharlo en las siguientes frases:

“Mi apostolado debe ser el de la amistad”.

“Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa sino vivir para Él”.

“Adorar la Hostia Santa debería ser el centro de la vida de todo hombre”.

“Se hace el bien no en la medida de lo que se dice y de lo que se hace, sino en la medida de lo que se es, en la medida de la gracia que acompaña nuestros actos, en la medida en que Jesús vive en nosotros y para nosotros… La primera cosa que hay que hacer para utilidad de las almas es trabajar, con todos nuestros esfuerzos y continuamente, en nuestra conversión personal”.

“Ofrece tu vida a Dios a través de Nuestra Madre, la Santa Virgen, en unión al sacrificio de Nuestro Señor Jesús y por todas las intenciones del Sagrado Corazón y camina en paz. Camina por este camino con simplicidad y en paz, seguro de que es Jesús quien te ha inspirado a seguirlo. No te inquietes por tu familia. Confía y confíala a Dios y camina en paz”.

PAULINA JARICOT.- Fue una laica francesa que vivió en solidaridad con las obreras de Lyon, cuyo interés por las misiones la llevó a crear un sistema de ayuda en red que dio origen a la obra de la Propagación de la Fe. También organizó el Rosario Viviente. Murió en el año 1862. Estas palabras pertenecen a su testamento espiritual: “Mi único tesoro es la Cruz. Al abandonarme en Ti, Señor, me adhiero a mi verdadera felicidad, y tomo posesión de mi único bien verdadero. Qué me importa, pues, Oh Voluntad amada y amable de mi Dios, que me quites los bienes terrenales, la reputación, el honor, la salud o la vida, que me hagas descender mediante la humillación hasta el pozo y el abismo más profundo… Acepto tu cáliz. Reconozco que soy del todo indigna, pero sigo esperando de Ti el socorro, la transformación, la unión y la consumación del sacrificio para tu mayor gloria y la salvación de mis hermanos”.

Carlos y Paulina, con su ejemplo, nos ayudan a descubrir que este confinamiento está invitando al mundo a volver a la pureza o castidad, pidiendo distancia física más no afectiva o espiritual; a la pobreza, al forzar un desapego de lo no esencial; y a la obediencia, en el sentido de captar que no todo está bajo nuestro control, porque somos vulnerables y necesitamos quién nos guíe: necesitamos escuchar a Dios. Este aislamiento nos invita a una nueva soledad, como la que vivió Carlos por muchos años, que permita que abramos nuestro corazón al Espíritu. Esta vida de hogar, como la que vivió Paulina, nos está llamando a la creatividad para innovar en nuestras formas de ayudar a los demás.

En este día doy gracias a Dios por estos nuevos santos y les pido su intercesión.

VOCES EN EL TIEMPO

Martha Moreno