Una vez vino un niño pequeño, como de 7 u 8 años, a confesarse, y cuando le pregunté cuáles eran sus pecados me dijo: “Padre, he visto cosas ‘feas’ en la televisión y en la computadora”, cuando le pregunté: “¿Qué tipo de cosas ‘feas’ has visto?” Él me dijo: “Cosas sucias, mujeres sin ropa y esas cosas”. ¡Ah cómo me duele escuchar esto cada vez con más frecuencia en los pequeños! y más por las circunstancias en las que estos hechos se dan. Luego le pregunté: “Y ¿cómo sucedió esto? ¿Has visto ‘esas cosas’ por curiosidad o alguien te las ha enseñado?”, entonces me dijo: “Mis amigos de la escuela me las han enseñado por el celular y en la casa mi hermano más grande”. Era evidente el pesar que sentía el niño, cuya inocencia violentamente le había sido arrancada, le dije entonces: “Te sientes mal porque eso que has visto son ‘cosas malas’, pecados que no debes hacer”, él me dijo sollozando: “Ya no los quiero hacer, pero me siento mal, ¿qué hago?”, le dije: “Ya no vuelvas a ver ‘esas cosas’, trata de no pensar en lo que has visto, cada vez que te venga un pensamiento de ‘eso’ pídele a Dios que te ayude a pensar en otra cosa”, él me dijo entre lágrimas: “Ya no lo quiero volver a hacer”, entonces le dije: “No llores, Dios perdona tu pecado y te quiere, pero también quiere que te alejes de todo lo que te pueda dañar, es grave ese pecado, pero es más grave el de los que te han hecho caer en él”. Les confieso que yo sufro en mi interior cada vez que veo que esta sociedad putrefacta y corrupta en la que vivimos le arranca la inocencia a un niño, esta sociedad hipócrita y descompuesta, que por un lado condena el maltrato infantil, físico y psicológico, y por otro lado lo promueve permitiendo toda clase de perversiones a todas horas por internet y en la televisión en muchos canales sin restricción. Cómo me acuerdo con frecuencia de las palabras del Señor Jesús: “Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños” (Lc 17,1ss).

Amigos, qué triste y desolador es que un pequeño pierda su inocencia, esto no puede ser más que obra de Satanás, creo sin temor a equivocarme que una sociedad que destruye la inocencia de los niños deliberadamente es una sociedad podrida, porque cuando lo más puro se pone en peligro hemos pasado los límites de lo absurdo y de lo imaginable. Qué horrendo pecado el de quien escandaliza a un niño, qué alma tan negra, qué maldad tan profunda, qué intenciones tan viles tiene quien busca arrancar lo más puro y lo más santo del corazón de un pequeño, a ese tal más le valdría no haber nacido. Luchemos por erradicar este mal abominable de nuestra sociedad, que es como un cáncer que corrompe desde dentro: la pornografía, que pervierte las conciencias y los corazones, recordemos las palabras del Señor Jesús: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8) y tratemos de vivir la santidad a través de la pureza de corazón y de mente y esforcémonos por hacerla conocer, comprender, apreciar, amar y vivir a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes. Nunca nos arrepentiremos de hacerlo y seguramente sí nos arrepentiremos de no hacerlo.

Pido a Dios que los acompañe y los bendiga. Hasta la semana que viene.

Padre Eduardo Michel Flores
Confidencias del Confesionario